ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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Estaba tan obsesionado, que incluso hablaba en tono melodramático. Bueno, estaba dispuesto a
escucharle. A los psiquíatras nos pagan para que escuchemos.
-Adelante -le dije-. Oigamos la historia.
Sir Guy encendió un cigarrillo y empezó a hablar.
-Londres, 1888 -empezó-. Finales de verano y comienzos de otoño. Ésa fue la época. Surgida de
ninguna parte, apareció la sombría figura de Jack el Destripador... una sombra furtiva con un
cuchillo, vagabundeando por el East End de Londres. Acechando a las escuálidas divas de
Whitechapel. Nadie sabe de dónde llegó. Pero trajo la muerte. La muerte en un cuchillo.
»Aquel cuchillo descendió seis veces para hundirse en las gargantas y en los cuerpos de mujeres de
Londres. Busconas. El 7 de agosto fue la fecha del primer asesinato. Encontraron el cadáver de la
mujer con treinta y nueve cuchilladas. Un crimen horroroso. El 31 de agosto, otra víctima. La
prensa empezó a interesarse por el asunto. Los habitantes de los suburbios se interesaron todavía
más.
»¿Quién era aquel desconocido asesino que vagabundeaba por allí y mataba a capricho en las
desiertas calles de sus barrios? Y, lo que era más importante: ¿cuándo entraría de nuevo en acción?
»La fecha fue el 8 de septiembre. Scotland Yard nombró comisionados especiales. Los rumores iban
y venían. La espantosa nuraleza de los asesinatos era tema de las más descabelladas especulaciones.
»EI asesino utilizaba un cuchillo... con gran pericia. Seccionaba gargantas y cortaba... ciertas partes
de los cadáveres después de la muerte. Escogía víctimas y lugares con diabólica premeditación.
Nadie le vio ni le oyó. Pero los guardias, al hacer su ronda al amanecer, tropezaban con la
desdichada víctima del Destripador.
»¿Quién era? ¿Qué era? ¿Un cirújano loco? ¿Un carnicero? ¿Un científico demente? ¿Un enfermo
mental escapado de un manicomio? ¿Un noble psicopático? ¿Un miembro de la policía londinense?
»Luego apareció el poema en los periódicos. El poema anónimo, destinado a poner fin a las
especulaciones... pero que sólo consiguió aumentar hasta el frenesí el interés público. Una burlona
cuarteta:
No soy un carnicero, ni tampoco un mendigo,
ni un médico demente, ni un loco matador:
soy su sincero amigo,
atentamente suyo: Jack el Destripador.
»Y el 30 de septiembre, fueron cercenadas otras dos gargantas.
Interrumpí un momento a Sir Guy.
-Muy interesante -comenté. Temo que el tono de mi voz dejó traslucir cierto sarcasmo.
Sir Guy dio un respingo, pero no interrumpió su relato.
-A continuación, el silencio cayó sobre Londres durante una temporada. El silencio, y un
indescriptible temor. ¿Cuándo atacaría de nuevo Jack el Rojo? Esperaron hasta octubre. Cada jirón
de niebla ocultaba su fantasmal presencia. La ocultaba perfectamente, ya que no pudo averiguarse
nada acerca de lá identidad del Destripador, ni acerca de sus propósitos. Las rameras de Londres se
estremecían con cada ráfaga nocturna del viento de noviembre. Se estremecían, y saludaban
agradecidas la aparición del sol, a la mañana siguiente.
»9 de noviembre. La encontraron en su cuarto. Estaba tendida sobre la cama, con los brazos y las
piernas extendidos, sin el menor desorden. Y a su lado reposaban su cabeza y su corazón. Esta vez,
el Destripador se había superado a sí mismo en la ejecución.
»Luego, pánico. Pero pánico inútil. Ya que a pesar de que la prensa, la policía y la población
esperaban con mortal terror, Jack el Destripador no volvió a atacar.
»Transcurrieron los meses. Un año. El interés inmediato murió, pero no el recuerdo. Dijeron que
Jack se había marchado a América. Que se había suicidado. Dijeron... y escribieron. Han estado
escribiendo desde entonces. Teorías, hipótesis, argumentos, suposiciones. Pero, hasta la fecha, nadie