ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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sabe quién fue Jack el Destripador. Ni por qué asesinaba. Ni por qué dejó de matar.
Sir Guy se calló. Evidentemente, esperaba que yo hiciera algún comentario.
-Cuenta usted la historia muy bien -observé-. Aunque con una leve tendencia emotiva.
-He reunido todos los dócumentos -dijo Sir Guy Hollis-. Poseo una colección de los datos
existentes, y los he estudiado a fondo.
Me puse en pie.
-Bien -bostecé-. Su relato me ha complacido muchísimo, Sir Guy. Ha sido muy amable al
abandonar sus obligaciones en la Embajada británica para obsequiar a un pobre psiquíatra con sus
anécdotas.
El tono sarcástico siempre producía el efecto deseado.
-Supongo que querrá saber por qué estoy interesado en esto -dijo Sir Guy.
-Sí. Eso es exactamente lo que me gustaría saber. ¿Por qué está usted interesado?
-Porque -dijo Sir Guy Hollis- en estos momentos estoy sobre la pista de Jack el Destripador. ¡Creo
que está aquí... en Chicago!
Volví a sentarme. Me había quedado de una pieza.
-¡Re... repita eso! -tartamudeé.
-Jack el Destripador está vivo, en Chicago, y voy a localizarle.
-¡Un momento! -dije-. ¡Un momento!
Sir Guy no sonreía. No era una broma.
-Vamos a ver -dije-. ¿En qué fecha se cometieron aquellos asesinatos?
-De agosto a noviembre de 1888.
-¿1888? Pero, si Jack el Destripador era ya un hombre formado en 1888, lo más probable es que
haya muerto... Suponiendo que hubiera nacido aquel mismo año, en la actualidad habría cumplido
los cincuenta y siete.
-¿De veras? ¿Sería un hombre de cincuenta y siete años? -sonrió Sir Guy Hollis-. ¿O una mujer de
cincuenta y siete años? Porque Jack el Destripador podía ser una mujer...
-Sir Guy -dije-. Cuando vino usted a verme, acudió a la persona más indicada. Porque es evidente
que necesita usted los servicios de un psiquíatra.
-Quizá. Dígame, Mr. Carmody, ¿cree usted que estoy loco?
Le miré y me encogí de hombros. Pero tenía que darle una respuesta sincera.
-Sinceramente..., no.
-Entonces, puede usted escuchar los motivos que tengo para creer que Jack el Destripador está vivo.
-Desde luego.
-He estudiado el caso durante más de treinta años. He visitado los lugares donde se produjeron los
crímenes. He hablado con policías, y con amigos y conocidos de las desdichadas mujeres que
fueron asesinadas. He interrogado a hombres y mujeres de la vecindad. He reunido toda una
biblioteca de material relativo a Jack el Destripador. He analizado cuidadosamente todas las teorías,
por descabelladas que fueran.
»He aprendido algo. No mucho, pero algo. No voy a importunarle con mis conclusiones. Pero
existía otro campo de investigación que me dio mejores frutos. He estudiado los crímenes sin
resolver. Asesinatos.
»Puedo enseñarle recortes de los periódicos de las grandes ciudades de todo el mundo. San
Francisco, Shanghai, Calcuta, Omsk, París, Berlín, Pretoria, El Cairo, Milán, Adelaida...
»La pista está allí. Crímenes sin resolver. Mujeres con la garganta cercenada. Con las peculiares
desfiguraciones y amputaciones. Sí, he seguido una pista de sangre. Desde Nueva York hacia el
Oeste, a través de todo el continente. Luego hasta el Pacífico. Desde allí a Africa. Durante la Guerra
Mundial de 1914-1918 fue Europa. Después, América del Sur. Y desde 1930, otra vez los Estados
Unidos. Ochenta y siete asesinatos que llevaban la marca del Destripador.
