ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

Vista previa de texto
poco diabólica. Con esa capa negra encima de su manto angelical... No será usted un ángel de las
tinieblas, ¿verdad que no? Porque en lugar de haber bajado del cielo, podría provenir de mis
sombrías mansiones.
Pese a su desparpajo, Henderson se sentía aturdido. Recordaba muchas de sus cínicas observaciones
referentes al «flechazo», al enamoramiento instantáneo, así como su concepto de que el amor no
existía, de que la gente no hacía más que imitar a los personajes de las novelas o películas
cinematográficas en que se presentaban idilios, para actuar en consecuencia y fingir unos
sentimientos que no experimentaban. Y he aquí que en aquel momento se sentía enamorado,
perdidamente enamorado de un ángel de rubios cabellos y mirada arrobadora. Por lo visto, la chica
notó lo que estaba sucediendo, pues con ligero retintín le preguntó:
—Espero que le satisfaga lo que ve.
—Tiene usted una intuición maravillosa, pero hay algo interesante que querría saber acerca de los
ángeles: si saben bailar.
—Buena muestra de tacto, para proceder de un vampiro. ¿Pasamos al salón?
Tomados del brazo entraron los dos en la vasta estancia, donde los presentes charlaban
animadamente y bebían, pero nadie bailaba. Algunas parejas se paseaban, en tanto que unos
invitados disfrazados de gangsters simulaban atracos con risa y jarana. En suma, la clase de
ambiente que tanto detestaba Henderson, por lo que reaccionando de súbito se envolvió en su negra
capa e imprimió a sus facciones una torva expresión, mientras echaba a andar en ominoso silencio.
A su paso, interrumpíanse las conversaciones y se oían algunos susurros:
—¿Quién es ese hombre?
—¿Has visto qué ojos?
—Es un vampiro...
El dueño de la casa, cada vez más embriagado, estaba junto a una llamativa morena disfrazada de
Cleopatra. Henderson era amigo de Lindstrom y le agradaba su compañía, pero no podía soportarlo
en fiestas como aquélla, a causa de su incorrecto comportamiento en lo tocante a la bebida.
—¡Oh, Dracula! —exclamó Lindstrom, alzando un brazo—. Perrrmíteme que te prrresente a una
essstupenda be-beldad. Y tú... beldad... te prrrsentó a un buen amigo mío... El conde Drácula, que
viene con su hija. También invité a su abuela; pero esta noche se encuentra atareada. Está
celebrando una Ceremonia Negra... En... Hola, conde, ¿qué tal?
La morena abrió los ojos desmesuradamente y con fingido horror exclamó:
—¡Ooooh, Drácula! ¡Qué cara más espantosa! ¡Qué largos y afilados dientes!...
Lindstrom se dirigió a toda la concurrencia, para anunciar:
—¡Queridos amigos! ¡Aquí está el único vampiro real que queda en cautividad! ¡Drácula
Henderson, el único vampiro con dentadura postiza!
En otras circunstancias, Henderson habría aplicado un potente y eficiente directo a la mandíbula de
su amigo, pero entonces, con Sheila a su lado y en medio de una festiva reunión... Sería preferible
soportar las bromas y mostrar buen talante. Y como no le faltaba correa, ¿por qué no podía seguir la
corriente y actuar como un verdadero vampiro? Miró entonces a su bella acompañante y le dedicó
una sonrisa. Luego se irguió tiesamente y entreabrió su capa, que continuaba tan fría como horas
atrás, cuando la había comprado, y abrió los ojos, para fijar su penetrante mirada en el grueso cuello
de Lindstrom. Como en sueños, notó que sus manos salían proyectadas hacia delante, en dirección a
aquel carnoso cuello, cuyo dueño lanzó un alarido de espanto, como el chillido de una rata, de una
