ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


Vista previa del archivo PDF robert-bloch-biografia-y-compilado-de-relatos.pdf


Página 1...73 74 757677146

Vista previa de texto


diantres estará sucediendo? —preguntóse—. Primero, el taxista, y ahora, estos tontos, que incluso
han dejado de hablar.» No tuvo tiempo de buscar una explicación razonable, porque en aquel
momento se detuvo el ascensor. Abrióse la puerta y salieron todos al rellano, donde el propio
Lindstrom recibió a los visitantes y les hizo pasar al vestíbulo en un lujoso departamento. Volvióse
hacia Henderson y en tono de amigable sorpresa, exclamó:
—¡Vaya! ¿Qué es lo que tenemos aquí?
Era obvio que el dueño de la casa había bebido ya bastante, y añadió:
—¡Tómate una copa, Henderson! Yo la tomaré de la misma botella. Estás impresionante con ese
disfraz. ¿De dónde has sacado un maquillaje tan...?
—¿Maquillaje? No me he maquillado.
—¿Ah, no? Bueno... claro, claro. Perdona, soy un tonto.
Henderson se preguntó si su amigo se habría vuelto loco. ¿Sería verdad, o se lo habría parecido
solamente, que Lindstrom acababa de dar un paso atrás? ¿Y aquella mirada tan recelosa? Tal vez
estuviese completamente borracho.
—Bueno —murmuró Lindstrom—. Te... te veré más tarde.
Y girando sobre sus talones, se alejó rápidamente en dirección al salón, de donde provenía un
confuso rumor de música, risa y conversaciones en voz alta. Henderson se quedó con la vista fija en
el abultado y rojizo cuello de su amigo, de su aterrorizado amigo. Porque no cabía duda que
Lindstrom estaba temblando de miedo. Intrigado, Henderson se bebió de un solo trago el contenido
de su copa, e inmediatamente fue a mirarse al espejo que adornaba un rincón del vestíbulo, pero no
vio nada. Absolutamente nada. ¡La superficie del espejo no reflejaba su imagen!
Debo de haber bebido de más —se dijo, con aviesa sonrisa—. Allá en casa cuatro o cinco vasos de
whisky, y ahora, este ron... Eso es lo que ocurre, que estoy tan borracho que no veo. O mejor dicho,
veo visiones, como la de este ángel que ha llegado junto a mí.» Y volviéndose a medias, saludó:
—Hola, ángel.
—Hola —respondióle la bella y rubia joven que acababa de detenerse a su lado.
Henderson advirtió que tenía ojos muy azules y labios muy rojos. En tono serio le preguntó:
—¿Eres un ángel de verdad o se trata de una aparición?
—Es una aparición que se llama Sheila Darrly —respondió la joven—, y que le agradecerá que se
aparte un momento del espejo, pues necesita empolvarse la nariz.
—Con muchísimo gusto se aparta Stephen Henderson —dijo, sonriendo.
La joven le dedicó un picaresco guiño antes de comenzar a empolvarse, pero al notar que la
observaba con curiosidad, inquirió:
—¿No ha visto nunca cómo se ponen los polvos de tocador?
—No sabía que los ángeles los emplearan —contestóle Henderson—, pero no es raro. Hay muchas
cosas que ignoro, con respecto a los ángeles. De ahora en adelante procuraré informarme
convenientemente. No le extrañe que la siga por todas partes con una libreta de notas, para tomar
apuntes y...
—¿Apuntes, un vampiro?
—¡Bueno! Pero soy un vampiro inteligente, no uno de aquellos monstruos de Transilvania que...
Estoy seguro de que le agradará mi compañía.
—No lo dudo. Y desde luego que tiene usted tipo de vampiro. Claro que un ángel y un vampiro
formarían una absurda pareja, ¿no cree?
—¡Oh! Podríamos reformarnos mutuamente. Por otra parte, tengo la sospecha de que es usted un