ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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—Tonterías —dijo una vez más.
Desde luego, la aparición no tenía nada de sobrenatural. No era más que el dueño de la tienda, un
anciano de pálida faz, que subía por la escalera del sótano.
—Buenas noches —saludó el tendero—. Creo que me quedé dormido, ahí abajo. ¿Quería usted
algo?
—Sí. He venido a buscar un disfraz para el baile de esta noche.
—Ya. ¿Qué desearía?
—Nada de particular, lo corriente en estos casos. Creo que en vista del carácter de la fiesta, me
convendría comprar un disfraz de monstruo. ¿Tiene algo que se le parezca?
—Puedo enseñarle las máscaras.
—No, no. Yo me refiero a un disfraz completo, ¿comprende usted? Un disfraz de lobo humano, o
algo semejante, pero quiero que sea auténtico.
—Exactamente, sí, señor —respondió el viejo tendero—. Au-tén-ti-co.
Henderson se preguntó por qué habría tenido que recalcar aquel viejo imbécil la última palabra.
—Creo que tengo lo que usted necesita —añadió el comerciante, con ligera sonrisa—, un disfraz
adecuado para la fiesta de los difuntos.
—¿De qué se trata?
—Hum... ¿No ha considerado la oportunidad de disfrazarse hoy de vampiro?
—¿Como Drácula?
—Eso es, algo así como Drácula.
—No es mala idea, aunque, ¿cree que tengo tipo adecuado para ese disfraz?
El viejo observó por un instante al cliente y luego contestó:
—Los vampiros pueden tener cualquier aspecto, según tengo entendido. Y el suyo no está mal, para
ese disfraz.
—Gracias por el cumplido —repuso Henderson, en tono burlón—. De todos modos, ¿cómo es el
disfraz?
—¿Disfraz? No es más que un traje de etiqueta, o lo que quiera llevar puesto. Yo le suministraré la
capa, una capa au-tén-ti-ca.
—¿Nada más que una capa?
—Nada más, pero se usa como un sudario. Es una mortaja, en realidad. Espere, ahora mismo se la
enseñaré.
Se dirigió a la parte trasera del local, para bajar por la escalera del sótano. Al cabo de un par de
minutos volvió a aparecer por la puerta-trampa y después de sacudir el polvo que la cubría,
mostróle la capa, diciendo:
—Ésta es. ¡La auténtica!
—¿Auténtica?
—Efectivamente. Permítame que se la ponga. Obrará maravillas, ya lo verá.
Henderson notó el contacto del pesado paño en torno a sus hombros, antes de dar unos pasos para
plantarse frente al espejo. Tal como había indicado el viejo comerciante, aquella prenda cambiaba
notablemente su apariencia. Sus mejillas aparecían más prominentes, en contraste con el resto de su
rostro, y sus ojos brillaban con extraño fulgor, sobre el fondo claro de su pálida tez, pero lo que más
le impresionó fue la súbita sensación de frío que había experimentado al ponerle la capa el dueño de
la tienda.