ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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la maraña de la fantasía. Lo único que no podía explicar —y que el doctor Hedwig no había podido
explicar— eran los sueños. Los sueños comenzaron al poco tiempo de haber entrado en posesión de
su heredad: esta antigua casa al norte de San Pedro, que había permanecido desierta durante tanto
tiempo. El lugar era de una pintoresca antigüedad, y eso atrajo a Dean desde el principio. Había sido
construida por uno de sus antepasados cuando los españoles aún gobernaban California. Uno de
estos Dean —entonces el apellido era Dena— había ido a España y había regresado con una novia.
Su nombre era Morella Godolfo, y alrededor de esta mujer, desaparecida tanto tiempo atrás, giraban
todas las leyendas posteriores. Todavía había en San Pedro mejicanos arrugados y desdentados, que
murmuraban increíbles relatos sobre Morella Godolfo, la que nunca había envejecido, y tenía un
poder sobrenaturalmente maligno sobre el mar. Los Godolfo se habían contado entre las más
orgullosas familias de Granada; pero furtivas leyendas se referían a su relación con los terribles
hechiceros y nigromantes moriscos. Según esos mismos horrores insinuados, Morella había
aprendido misteriosos secretos en las tétricas torres de la España morisca, y cuando Dena la trajo
como novia al otro lado del mar, ella ya había sellado un pacto con las fuerzas del mal y había
experimentado un cambio.
Así decían los relatos, y decían aún más cosas sobre la vida de Morella en la antigua casa de San
Pedro. Su esposo había vivido durante diez o más años después del matrimonio; pero los rumores
decían que ya no poseía un alma. Es cierto que su muerte fue mantenida en secreto, en forma muy
misteriosa, por Morella Godolfo, que siguió viviendo sola en la gran casa situada junto al mar. Las
murmuraciones de los peones crecieron monstruosamente a partir de entonces. Se referían al
cambio sufrido por Morella Godolfo; ese cambio operado por medio de la hechicería, que le llevaba
a nadar mar adentro en las noches de luna, de modo que los que la observaban veían su cuerpo
blanco que fulguraba entre la espuma. Hombres lo suficientemente audaces como para contemplarla
desde los acantilados podían vislumbrar de modo fugaz su figura, jugando con extrañas criaturas
marinas que saltaban a su alrededor en las negras aguas, frotando su cuerpo con sus cabezas
espantosamente deformes. Estas criaturas no eran focas, ni tampoco ninguna forma conocida de
vida submarina, según se afirmaba; aunque a veces podían oírse las carcajadas de una risa ahogada
y cloqueante. Se dice que Morella Godolfo se alejó nadando una noche, para no regresar jamás.
Pero a partir de entonces las risas eran más fuertes a la distancia, y los juegos entre las negras rocas
continuaron, de modo que los relatos de los primeros peones se habían ido trasmitiendo hasta el
presente.
Tales eran las leyendas que Dean conocía. Los hechos eran dispersos y poco convincentes. La
antigua casa se había venido deteriorando, y en el transcurso de los años sólo había sido arrendada
ocasionalmente. Esos arrendamientos habían sido tan cortos como infrecuentes. No pasaba nada
definidamente malo en la casa situada entre Punta White y Punta Fermín, pero los que allí habían
vivido decían que el fragor de las olas sonaba en una forma sutilmente diferente cuando era
escuchado desde las ventanas que dominaban el mar, y, además, ellos tenían sueños desagradables.
A veces, los ocasionales arrendatarios habían mencionado con particular horror las noches de luna,
cuando todo el mar se volvía claramente visible. De cualquier modo, los ocupantes por lo general
abandonaban la casa de manera precipitada.
Dean se había trasladado a la casa inmediatamente después de heredarla, porque había pensado que
sería el lugar ideal para pintar los paisajes que amaba. Se había enterado de la leyenda de los hechos
relacionados a ella con posterioridad, y por ese entonces habían comenzado sus sueños. Al principio
habían sido bastante convencionales, aunque, extrañamente todos giraban en torno del mar que él
tanto amaba. Pero no era el mar que él amaba el que veía en sus sueños. Las Gorgonas poblaban sus
sueños. Escila se retorcía horriblemente en las aguas oscuras y embravecidas, donde huían aullando
las arpías. Criaturas horripilantes emergían lentamente de las profundidades negras como la tinta
donde habitaban bestias marinas hinchadas y desprovistas de ojos. Terribles y gigantescos
leviatanes saltaban y se sumergían mientras monstruosas serpientes trepaban en extraña obediencia