ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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—Si no está demasiado enfermo—sonrió Lily.
—¿Enfermo? Me encuentro perfectamente.
—Entonces, vayamos a celebrar nuestra victoria —propuso Considine.
—¡Oh, no! —protesté—. La celebración la haremos nosotros dos solos ¿verdad, doctora Ross?
Lily tardó unos instantes en contestar con su más encantadora sonrisa:
—Verdad... pero no está bien abandonar a nuestros buenos amigos...
—¿No? ¿Por qué no? —protesté. Y dejándome llevar de mi indignación, exclamé—: ¡Que se vayan
al diablo!
EL BESO SINIESTRO - The Black Kiss
Surgen vestidos con túnicas
verdes, bramando, de los
verdes infiernos del mar, donde
hay cielos caídos, y clamores
malignos, y criaturas sin ojos.
G.K. Chesterton: Lepanto.
I. El Ser de las Aguas.
Graham Dean aplastó nerviosamente su cigarrillo y se encontró con los ojos intrigados del doctor
Hedwig.
—Nunca estuve tan preocupado anteriormente —dijo—. Estos sueños son tan extrañamente
persistentes. No son como las pesadillas comunes y casuales. Parecen —sé que suena un tanto
ridículo— parecen estar planeados.
—¿Sueños planeados? Tonterías —el doctor Hedwig lanzó una mirada desdeñosa—. Usted, señor
Dean, es un artista, y por naturaleza, de temperamento impresionable. Esta casa de San Pedro es
nueva para usted, y dice que oyó relatos extravagantes. Los sueños se deben a la imaginación y al
exceso de trabajo.
Dean miró por la ventana hacia afuera, con el ceño fruncido en su rostro desusadamente pálido.
—Espero que tenga usted razón —dijo en voz baja—. Pero no puede atribuirse este semblante a los
sueños. ¿O sí?
Señaló con un gesto las grandes ojeras azules que había debajo de los ojos del joven artista. Las
manos señalaron la exangüe palidez de sus delgadas mejillas.
—Eso se debe al exceso de trabajo, señor Dean. Sé lo que le pasa mejor que usted mismo.
El canoso médico tomó una hoja cubierta con sus propias y casi indescifrables notas, y la examinó
repasando lo que había escrito.
—Usted heredó esta casa en San Pedro hace pocos meses, ¿no? Y se mudó a ella solo para trabajar
un poco.
—Sí. La costa del mar tiene aquí unos paisajes maravillosos. —Durante un momento el rostro de
Dean adquirió un aspecto juvenil, al avivar el entusiasmo sus fuegos casi extinguidos. Entonces
continuó, con el ceño fruncido en gesto preocupado—: Pero últimamente no he podido pintar, ni
