ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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construiremos un imperio. Podremos dominar a las naciones, al mundo entero.
—¿Se ha vuelto loco, Keith? —balbuceó tembloroso Considine—. Primero se presenta con ese,
disfraz y luego nos habla de locuras, nos enseña ese monstruo y nos está convenciendo de su locura.
—Sí —añadió Wintergreen, débilmente—, yo me marcho.
—¡No! ¡No saldrán de aquí! Conocen mi secreto y no permitiré que lo divulguen. Ninguno de
ustedes saldrá de aquí hasta que hayan aceptado mis condiciones.
Yo no sabía exactamente qué hacer, pero aquel era el mejor momento para irrumpir en la habitación.
Abrí, pues, la puerta y penetré en la negra estancia, acompañado de Lily. Considine y Wintergreen
nos contemplaron boquiabiertos. En la cárcel de cristal, la figura apresada agitaba frenéticamente
los brazos. Keith se abalanzó contra mí, pero antes de que me alcanzase saqué del bolsillo un frasco,
lo destapé y eché su contenido al rostro del profesor. Un hedor insoportable llenó la estancia.
Densas nubes de humo brotaron de la carne rojiza. Cuando aquel ser cayó al suelo, me precipité
sobre él y le obligué a tragarse el resto del líquido. La lucha concluyó al instante.
—Creí que iba a matarle —exclamó Lily—. Cuando usted le arrojó el ácido...
—No era ningún ácido —le informé—. Era agua bendita.
VI. La Amenaza de Satanás.
En la figura tendida en el suelo se había verificado un cambio absoluto. Desapareció el tinte rojo y
el. rostro de Keith recobró su aspecto normal. Un momento después se incorporó.
—¿Qué ocurrió? —preguntó con voz débil. Le conté todo lo sucedido.
—El agua bendita me ha salvado. Oh —añadió—, estuvo usted muy inspirado.
—Muy desesperado —le corregí.
—¿De qué están hablando? —se interesó Considine.
—Que el demonio se apoderó de mí.
—¿Cree eso?
—Usted mismo lo vio. No se trata de una novedad. La Biblia nos habla de ello. No sé cómo pudo
ocurrir. Sin duda, la emoción debilitó mis defensas, y el mal halló fácil acceso dentro de mí. Por la
noche regresé, ese ser que tenemos ahí dentro me hipnotizó y aunque no perdí totalmente la noción
de las cosas, roe sentí empujado por una euforia y una ansias desconocidas.
Volvimos la vista hacia la jaula de cristal. Satanás estaba de nuevo dentro de ella, pero resultaba
evidente que su poder transpasaba las frágiles barreras.
—Puede apoderarse de un cuerpo humano —advirtió el profesor—, y caminar por el mundo.
—Es necesario deshacernos de él —observé—. Que vuelva a su infierno.
—¡Hacerle volver! —repitió el profesor.
—No hay manera —objetó Lily—. No se conoce ningún medio para alejar al demonio.
Volví la cabeza hacia la cárcel. ¿Por qué no enviarle de nuevo al infierno? Examiné la figura que se
encontraba allí prisionera. La examiné y sonreí. Luego, mi sonrisa se trocó en una carcajada.
¿Aquello era el fabuloso Lucifer? ¡Era demasiado cómico para ser verdad! Me sentía más fuerte que
él. Al fin y al cabo, le había vencido. Le dominé en la lucha cuerpo a cuerpo. ¡Yo era su amo! ¡El
amo de Lucifer! Sentía que unas inmensas energías penetraban en mi interior. ¡Yo era el amo!
—Ya sé —exclamé de repente.
—¿Sabe cómo hacerle volver al infierno? —preguntaron Lily y Keith.
—No, no es preciso. Soy más fuerte que Satanás. Lo he dominado. Lo seguiré dominando y
emplearé ese poder.