ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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Muerte Roja, en El Fantasma de la Ópera.
—¡Qué disfraz!
—Perfecto.
—Hasta renquea.
En efecto, Keith al andar cojeaba marcadamente. Keith avanzó orgullosamente por entre las
circunstantes. Le vi saludar a un hombre disfrazado de pirata.
—Es Considine —susurró Lily.
Considine parecía reírse del disfraz del profesor. Otro de los invitados reunióse con ellos. La
orquesta inició la interpretación de otra pieza. Los tres hombres desaparecieron.
—Démonos prisa —apremié a Lily—. Va a ocurrir algo.
Llegamos a la calle en el instante en que el coche negro en que iban los dos hombres y el demonio
se ponía en marcha. La suerte nos deparó en seguida otro taxi. Hice subir a Lily y le ordené al
chofer:
—Siga a ese auto... —me interrumpí—. ¡No! Sé adonde van. Llévenos al Instituto Rocklynn.
Parecíamos vivir en otro mundo, mientras cruzábamos las calles persiguiendo al demonio, y
mientras ascendíamos en el ascensor por el rascacielos. Cuando nos detuvimos frente a la puerta del
laboratorio oímos una voz. Se parecía a la del profesor. Era una voz que utilizaba la boca y la
laringe de Keith, pero en la que había unas notas que nada tenían de humanas.
—Ya ven lo que he conseguido, caballeros —decía—. Ni usted, señor Considine, ni usted, señor
Wintergreen, pueden dudar ya de la evidencia de sus sentidos...
—¡Es espantoso! —se horrorizó Considine—. ¡El diablo en una cárcel de cristal!
—¿Espantoso? ¡Glorioso! ¿No ve las posibilidades que eso ofrece?
—Sí, desde el punto de vista científico el interés debe ser muy grande, pero prácticamente ¿qué
ventaja nos ofrece? ¿Lo exhibirá por las ferias?
—Habla usted como un necio, Considine —replicó la voz ronca que era la de Keith—. ¿No
comprende que ahí tenemos algo que puede convertirse en la fuerza más grande de la tierra?
—¿Fuerza? —preguntó Wintergreen.
—Sí, una fuerza todopoderosa. Piensen, por un, momento, lo que para nosotros puede significar
este cautivo. Durante siglos, los hombres han rendido pleitesía al demonio. Convencidos de que el
Reino de los Cielos está regido por Dios, afirman que la tierra está gobernada por Satanás. Por eso
le han adorado. Si les concede la felicidad en la tierra, están dispuestos a ceder su dicha celestial.
—¡Qué locura!
—Sí —prosiguió burlona la voz ¡del profesor—, se reunían en lugares ocultos, en bodegas de casas
viejas, en criptas de iglesias ruinosas, en la noche de Walpurgis. Velas fabricadas con grasa de niños
no bautizados iluminaban las ceremonias, que se celebraban sobre el altar formado por el cuerpo de
una doncella. Todos los fieles proclamaban en alta voz sus pecados y confesaban, arrepentidos, las
buenas acciones.
—No hable así —intervino Wintergreen—. No somos niños para asustarnos con esas tonterías.
—Tampoco lo son los miles de satanistas que llevan a cabo esos ritos. Sin embargo, la mayoría de
ellos son engañados por unos farsantes. Yo, en cambio, les ofrezco la representación física de
Lucifer. Con su dinero 'pude disponer lo necesario para atraerlo a la tierra. Ahora pueden
aprovechar su inversión. Tenemos el poder y la riqueza al alcance de la mano. Somos los dueños de
Satanás, de lo que hasta ahora se consideraba un cuento infantil o una conseja de viejas, y con ello
