ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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de unos ojos terribles que brillaban al otro lado del cristal. ¡Los mismos ojos que viera Fausto!
IV. El Fausto Suelto.
—Esta es mi historia —concluí—. Ahora cuénteme la suya.
Lily Ross levantó su vaso, en el que tintineaba el hielo.
—Sólo un poco de bioquímica —sonrió—. Un empleo en el Instituto Rocklynn, como ayudante del
profesor Keith.
—No se burle de mí. Ahora es usted- una mujer bellísima ataviada con un traje de baile, color
verde, que le sienta a maravilla. No sabe nada de química y sólo desea bailar. Deseaba bailar, pero
cuando volvimos a nuestra mesa observé que estaba muy preocupada.
—Estoy inquieta por el profesor Keith —susurró—. Tiene los nervios destrozados. No sé si mañana
estará bien para los experimentos. Marchóse a casa para acostarse al momento.
—No se apure por él —reí—. Lo peor que puede ocurrirle es un fuerte dolor de cabeza, a
consecuencia de una buena borrachera.
—¿Por qué dice esto? —se extrañó la joven.
—Eche una mirada hacia la mesa próxima a la orquestina. Si Keith pensaba acostarse es indudable
que ha cambiado de opinión.
Lily miró hacia donde yo le indicaba y sus ojos se desorbitaron.
—¡Está ahí! —exclamó—. ¡Con una mujer!
—¡Y vaya mujer! —comenté—. Es Eva Vernon, la cantante. No lo hubiera creído un hombre tan de
mundo.
—¡No lo es! —protestó Lily—. Jamás va a ninguna parte. No he sabido de él que acompañase
nunca a una mujer. Y bebe champán...
—Vivir para ver —sonreí—. Está tranquilizando sus nervios. ¿Quiere que nos sentemos a su mesa?
—No, se disgustaría. Además, esto lo encuentro muy raro.
Me encogí de hombros, pero al cabo de un rato empecé a inquietarme. Keith se había bebido él solo
una botella de champán, cantaba como un borracho y estaba colorado como un tomate.
—¡Es... es repugnante! —proclamó Lily, al salir del local.
—Olvídelo —le aconsejé.
Nos separamos a la puerta de su domicilio y a la mañana siguiente, cuando llegué al Instituto la
encontré esperando.
—¿Dónde está el profesor? —pregunté viendo que estaba sola.
—No ha venido.
—Estará durmiendo el champán ingerido anoche. ¿Le ha telefoneado?
—Sí, y su ama de llaves afirma que no ha vuelto a casa.
—Es raro, ¿Qué hacemos?
—Vayamos al laboratorio y aguardemos. Podemos echar una mirada a nuestro prisionero.
Lily fue hacia la puerta. Sacó una llave y al insertarla en la cerradura, exclamó:
—¡Está abierto!
Entramos. La estancia se hallaba a oscuras. Sólo ardía un brasero. Un solo brasero y los ojos dentro
de la jaula de cristal. Delante de la jaula había un cuerpo tendido.
