ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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Asentí con el gesto.
—¿Y usted, Lily?
—Yo veo un ser escamoso, de cola ahorquillada. Parecido a un lagarto gris.
—Bien, yo veo a un hombre vestido de etiqueta, de cara roja —terminó el profesor—. Y todos
tenemos razón.
—No entiendo.
—En realidad, nadie sabe cuál es el verdadero aspecto del diablo. Cada uno de nosotros se ha
formado su imagen mental extraída de las ilustraciones de los libros consultados. Los adoradores y
los enemigos de Satanás lo han pintado de distintas maneras. Para unos era el macho cabrío de las
bacanales sabáticas; para otros era la encarnación de la tentadora serpiente. Para los modernos es un
caballero rojo. Cada cual lo ve a su manera por lo que nosotros vemos una misma figura de tres
formas distintas. Y no podemos dilucidar cuál es su aspecto verdadero. Puede ser gas, luz, o
simplemente llama; pero nuestro cerebro le da forma material.
—Quizá tenga razón —se avino Lily.
—Todo esto es muy interesante —intervine—, pero ¿qué hacemos ahora? ¿Avisar a la prensa?
—¿Se burla? ¿Sabe qué ocurriría si el mundo se enterase de que lo tenemos prisionero en esta
habitación? ¿No comprende la locura y el pánico que se desencadenaría sobre la tierra? Además,
tenemos que realizar experimentos. Sí, ésta es nuestra oportunidad. La Providencia debió de
guiarnos al cometer aquel error.
—¿Está seguro de que fue la Previdencia? —gimió Lily—. Tengo la impresión de que este regalo
no nos viene del cielo.
—No se excite —le rogó el profesor—. Piense en lo que tenemos entre manos. ¡Es lo más grande
que se ha legrado jamás!
—Keith, esto es peligroso —aduje—. No me gusta. Aparentemente, nuestro visitante está
embotellado bajo esa campana de cristal, pero ¿y si fuerza la salida?
—No puede huir —declaró el profesor—. ¿Tiene usted miedo? ¿No se da cuenta de que en esta
habitación tenemos la prueba de la existencia del demonio y de todo lo sobrenatural?
—Al demonio prefiero tenerlo lo más lejos posible —mascullé.
—Habla usted como un hombre miedoso.
—Es posible que los miedosos estén más en lo cierto que los científicos. Llevamos muchos siglos
luchando contra ese ser y es posible que su inteligencia sea superior a la de ustedes. Sobre todo, en
este caso.
—Examinaremos al demonio con todos los medios de investigación a nuestro alcance —declaró el
profesor—. Lo someteremos a análisis de sangre, a rayos X... Volví la cabeza, disgustado ante tanta
locura.
—Quizás ese ser pueda hablar —dijo Lily, a quien me había yo vuelto en busca de un poco de
normalidad—. Impresionaremos fotografías...
—¡Es el éxito... el verdadero triunfo de la ciencia! —blasonó el profesor—. Haremos un estudio
científico de todo lo diabólico. La potencia que el hombre temió desde los primeros días de la
creación está ahora en nuestras manos. ¡El gran dios Pan! ¡La serpiente! ¡El Ángel Caído! ¡Satanás!
¡Lucifer! ¡Luzbel! ¡Belcebú! ¡Azriel! ¡Asmodeo! ¡Sammael! ¡Zamiel! ¡El Príncipe de las Tinieblas!
¡El Macho Cabrío negro del Sábado! Ariman, Malik, Mefistófeles, el arquetipo del mal conocido
por los hombres con infinidad de nombres.
Sentí deseos de soltar una nerviosa carcajada. ¡Era demasiado! Lily me salvó.
—Salgamos de aquí —propuso—. En seguida. Mañana podremos discutir sobre esto y
convencernos de que no estamos locos.
—Sí, es mejor —asintió Keith—. Aquí está seguro. No puede escapar. La puerta se cierra
automáticamente y nadie podrá entrar sin nuestro consentimiento.
El profesor fue hacia la puerta y yo le seguí, pero antes de salir me volví, tropezando con la mirada
