ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


Vista previa del archivo PDF robert-bloch-biografia-y-compilado-de-relatos.pdf


Página 1...49 50 515253146

Vista previa de texto


—Fíjese en la palanca que se ve junto a la puerta —indicó Keith—. Sólo hay que moverla para que
la jaula caiga sobre el ser que aparezca en este lugar.
—Pero el demonio romperá el cristal —objeté.
—En absoluto —sonrió el profesor—. Dentro del cristal hay una cantidad muy grande de cruces
nada agradables para el demonio. Las junturas del cristal están protegidas por tubos de agua bendita
y otro tubo penetra al interior para dar paso al aire y, en caso de necesidad, para descargar el
suficiente monóxido de carbono que convierta la jaula en una cámara letal. Por tanto, si ocurre algo
mueva la palanca.
Las palabras de Keith me impresionaron fuertemente. Parecían las palabras de un loco, pero el loco
era nada menos que el profesor Keith del Instituto Rocklynn. El aire estaba lleno del hedor de las
velas hechas con grasa de cadáver. La sangre manchaba el viejo símbolo trazado en el suelo. El
silencio y la oscuridad se poblaban de rumores. Lily Ross, con un viejo pergamino en la mano, dio
un paso hacia el azulado brasero. Permaneció allí, como una estatua, como una bruja blanca,
pronunciando las primeras palabras de la invocación. Su boca era como una flor escarlata de la que
emanase corrupción. Sus labios parecían el cielo; pero su voz era el infierno. Veíase una hermosa
joven y escuchaba a una vieja repulsiva y bruja.
Pronunciaba las palabras en latín, pero más que palabras eran sonidos, una invocación. La voz de la
joven era el instrumento. Entonces comprendí el inmenso poder de la palabra como plegaria y corno
invocación del diablo. El rumor de la voz se mezclaba con la oscuridad que, a su vez, se confundía
con las luces y los fuegos. El pentagrama comenzó a vibrar. Las llamas corrían por el suelo. Las
sombras se poblaban de zumbidos.
De pronto, se oyó un fuerte latido, las paredes se estremecían; adquirieron luego el compás de las
palabras de la joven, el estruendo se confundió con ellas y como tomando energías, resonó más
fuerte. El humo brotó de los braseros a la vez que un viento impetuoso soplaba en la habitación. Me
estremecí bajo la helada ráfaga que no era de aire. Una blanca figura inclinóse hacia el suelo. De
pronto, sentí que me sacudían violentamente y una voz gritó:
—¡Despierte! Se ha dormido de pie. No soplaba ya viento. No se oía rumor alguno. Lily Ross
estaba delante de mí, inmóvil, abatida.
—¡Hemos fracasado! —refunfuñó Keith.
—Sin embargo, yo noté...
—Autosugestión. No dio resultado. Déjeme ver esa copia de la invocación —le pidió a Lily. Tomó
el papel y lo leyó atentamente.
—¡Maldición!
Lily abrió mucho los ojos.
—¿Qué ocurre?
—Aquí tenemos un ejemplo perfecto de lo que intentaba explicarle. Se ha cometido un error. No es
la invocación que necesitábamos. No es la invocación de Richalmus sino otra muy parecida. Es la
invocación del demonio, recopilada por Georgioso.
—¿Cómo puede haber ocurrido? —se apuró la joven—. Yo juraría que...
—Por error ha recitado la invocación al demonio —respondió Keith—. No me extraña que no
ocurriese nada.
Volvióse de nuevo hacia mí, mas no pude decir nada, porque los ruidos y los zumbidos se habían
reanudado. Y esta vez no cabía pensar en la autosugestión. La habitación se estremeció como si
todo el edificio fuese conmovido por un terremoto. Lily y el profesor Keith vacilaban junto a mí.
Los braseros ardían con potentes llamas. Un rugido de tormenta llenaba nuestros cerebros. A