ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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—¡Keith!
Lo sacudí. Trabajosamente se puso de pie.
—Oh, debí quedarme dormido. He pasado aquí toda la noche. Observando lo que hacía...
El profesor tenía el rostro demacrado. Y farfullaba, como si estuviese medio dormido.
—Vale más que se vaya a casa y duerma un poco —le recomendó Lily—. Nosotros nos quedaremos
aquí. Si más tarde se encuentra bien trazaremos nuestros planes.
—Nada de eso —replicó el profesor, haciendo un esfuerzo como sacudiendo la fatiga de su cuerpo
—. Estoy perfectamente bien. Lo que tengo que hacer es buscar a Considine. Necesito más dinero.
Ustedes quédense aquí y vigilen. Nos veremos esta noche en el baile del Tubo de Ensayo.
Dispondré allí un encuentro con Considine y otros amigos.
Salió precipitadamente de la habitación, dejándome a Lily y a mí mudos de asombro.
—¿El baile del Tubo de Ensayo? —repetí.
—Sí, es un baile que celebramos anualmente los protectores del Instituto Rocklynn. Sirve para
allegar fondos. Mas no entiendo qué hará allí el profesor. Nunca le ha gustado asistir a esta clase de
fiestas.
—Olvida lo de anoche.
—Pues no, no puedo olvidarlo. Estoy segura de que el profesor no se encuentra bien. Algo le ha
ocurrido.
—No es él único que no se encuentra bien —repliqué—. Mire hacia la jaula.
Satanás se hallaba acurrucado en el suelo. Y sus ojos rojos brillaban cada vez con menos intensidad.
—¿Está enfermo? —inquirió Lily.
—No tiene aire ni comida —contesté—. ¿Qué debe comer Su Majestad Infernal?
Iba a seguir hablando, pero algo en el aspecto" del cautivo me detuvo.
—¡Ojalá Keith estuviera aquí! —exclamó Lily—. Deberíamos de hacer algo.
De pronto, Satanás se incorporó, avanzó lentamente hacia la barrera de cristal y nos miró. En sus
ojos no brillaba el odio sino la comprensión. Su gesto era de súplica.
—Quiere hablarnos —murmuró Lily. Los labios del monstruo se movían, dejando ver sus colmillos.
—Si pudiésemos entender su mensaje —dije, observando los gestos del cautivo.
Todo inútil. De repente, aquel extraño ser se inclinó hacia el suelo y cogió algo que allí había. Era
un fragmento de yeso fosforescente, del que se habían servido para trazar el pentagrama. ¡Y el
demonio empezó a escribir! ¡Con letras de fuego! Pronto, deténganle antes de que sea demasiado
tarde. Se ha introducido dentro de mí esta mañana y sé lo que piensa hacer. Al pie de este horrible
escrito había una firma en letras de fosforescencia plateada: Phillips Keith. Junto a mí, Lily
temblaba convulsivamente.
—Vamos —dije.
—¿Adonde?
—En busca del profesor. Al baile del Tubo de Ensayo.
V. El Diablo Baila.
Hacía diez minutos que aguardábamos en el baile cuando por fin llegó el profesor Keith. Iba
disfrazado de Mefistófeles. Barba postiza, capa roja, rostro teñido de escarlata. Era su concepto de
Satanás. Jamás me había parecido tan alto. Alto, y delgado. Su disfraz era perfecto. No fuimos los
únicos en fijarnos en él. La orquesta acaba de interpretar una pieza y la concurrida sala constituía un
excelente marco para su entrada en escena. Recordé a Lon Chaney en su caracterización de la
