ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

Vista previa de texto
"Cómo revivía". "Bramin Street». Mis pies chapoteaban.
Luego, el instinto me condujo hacia el porche. Fue el instinto el que hizo que mi mano se dirigiese
al familiar picaporte sin llamar, y el instinto quien me hizo cruzar el umbral. Me quedé en el pasillo,
un pasillo desierto. Había un espejo y por primera vez iba a poder verme. Tal vez me asombraría mi
completo reconocimiento, mi completo recuerdo. Me contemplé, pero el espejo se tornó borroso
ante mi mirada. Me sentí debilitado, mareado. Pero esto se debía al hambre que me atenazaba, el
hambre que me consumía. Era tarde. Viola nn estaría abajo, sino arriba, en su dormitorio. Subí la
escalera, goteando a cada paso y andando silenciosamente, apartándome de los diminutos charcos
de agua que mis ropas iban dejando. De repente me abandonó la debilidad y volví a sentirme
vigoroso. Tuve la sensación de estar ascendiendo por la escalinata del Destino. Como si al llegar a
lo alto fuese a conocer la verdad de mi futuro.
Algo me había traído desde la tumba a casa de Viola. Algo se movía detrás de esta misteriosa
resurrección. La respuesta estaba arriba. Llegué a lo alto y me interné por el oscuro y familiar
pasillo. La puerta del dormitorio se abrió a la presión de mi mano. Junto a la cama ardía una vela,
nada más. Entonces divisé a Viola tendida en su lecho. Dormía, como una encarnada belleza.
Dormía. Era muy joven y adorable en aquel momento. Me apiadé de ella, por lo que sabría al
despertar. Llamé suavemente:
-Viola...
Repetí el nombre suavemente, mientras mi cerebro daba vueltas a la última de mis tres acuciantes
preguntas.
"¿Cómo revives?", preguntaba mi cerebro.
-¡Viola! -gritó mi voz.
Abrió los ojos y la vida los inundó. Me vio.
-¡Arthur...! -jadeó-. ¡Estás muerto!
Por fin chilló.
-Sí -dije en voz baja.
¿Por qué contesté "sí"?
"¿Cómo revives?", volvió a insistir mi cerebro.
La joven se incorporó, temblando.
-¡Estás muerto! ¡Eres un fantasma! Nosotros te enterramos. La señora Price tenía miedo. Falleciste
en la sesión. ¡Vete, Arthur, vete...! ¡Estás muerto!
Gimió una y otra vez. Miré su beldad y sentí hambre. Mil recuerdos de la última noche me asaltaron
de golpe. La sesión, y la señora Price invocando a los espíritus del mal; la frialdad que se apoderó
de mi en la oscuridad y mi súbito hundimiento en el olvido. Después mi despertar y mi búsqueda en
pos de Viola para que apaciguase mi hambre. No de comida. No de bebida. No de amor. Un nuevo
apetito. Un nuevo apetito que sólo conocía de noche. Un nuevo apetito que me hacía evitar a los
hombres y olvidarme de mí mismo. Un nuevo apetito que odiaba los espejos.
Apetito... de Viola.
Avancé hacia ella lentamente, y mis mojadas prendas susurraron cuando extendí mis brazos
tranquilizadoramente y la cogí entre mis brazos. Por un instante lo sentí por ella, pero el apetito se
presentó más agudo e incliné la cabeza. La última pregunta volvió a cruzar fugazmente por mí
cerebro.
"¿Cómo revives?"
