ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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empezaron a cantar y a rezar más alto. Yo no podía oír las palabras, pero sonaba como lo que
escuché en los bosques la otra vez. No podía ver muy bien, pero sabía lo que iba a pasar. Dos
hombres que habían conducido el ganado bajaron por el otro lado de la loma y cuando volvieron a
subir traían nuevas víctimas para el sacrificio. El humo no me dejaba ver bien, pero las víctimas
tenían dos piernas, no cuatro patas. Tal vez hubiera podido ver mejor en ese momento, pero me tapé
la cara cuando las arrastraron ante el altar blanco y lebantaron los cuchillos y el fuego y el humo se
avivaron de pronto y los tambores resonaron y cantaron todos y llamaron en voz muy alta a alguien
que aguardaba en el otro lado de la loma. El suelo empezó a estremecerse. Creció la tormenta y
redoblaron los relámpagos y los truenos y el fuego y el humo y los cánticos y yo estaba medio
muerto de miedo, pero una cosa podría jurar: que el suelo empezó a estremecerse. Se sacudió y
tembló, y ellos llamaron a alguien y ese alguien acudió como al cabo de un minuto.
Acudió arrastrándose cuesta arriba hasta el altar y el sacrificio, y era negro como aquella
monstruosidad de mis sueños, como aquella cosa negra con cuerdas y en forma de árbol y con una
gelatina verdosa de los bosques. Y subió con sus pezuñas y bocas y brazos serpeantes. Y los
hombres se inclinaron y retrocedieron y entonces aquello se acercó al altar donde había algo que se
retorcía encima, que se retorcía y chillaba. La monstruosidad negra se inclinó sobre el altar y
entonces oí un zumbido por encima de los gritos al agacharse. Sólo miré un minuto, pero en este
tiempo la negra monstruosidad empezó a inflarse y a crecer. Eso pudo conmigo. Perdí todo sentido
de la prudencia. Tenía que correr. Me lebanté y corrí y corrí y corrí, gritando a voz en cuello sin
importarme que me oyeran.
Seguí corriendo y gritando en medio de los bosques y la tormenta y huyendo de aquella loma y
aquel altar y entonces de repente supe dónde estaba y que había vuelto aquí a la casa de mis tíos. Sí,
eso es lo que había hecho: correr en círculo y regresar. Pero ya no podía continuar, no podía seguir
soportando la noche y la tormenta. Así que corrí adentro. Al principio, después de cerrar la puerta
me dejé caer en el suelo, cansado de tanto correr y gritar. Pero al cabo de un rato me levanté y
busqué clavos y un martillo y unas tablas de Tío Fred que no estuvieran hechas astillas. Primero
clavé la puerta y luego todas las ventanas. Hasta la última. Creo que estuve trabajando varias horas.
Al terminar, la tormenta se había disipado y todo quedó tranquilo. Lo bastante tranquilo como para
poderme echar en la cama y quedarme dormido. Me he despertado hace un par de horas. Era de día.
He podido ver la luz a través de las rajas. Por la forma de entrar el sol, he comprendido que ya es
por la tarde. He dormido toda la mañana y no ha venido nadie.
Calculaba que tal vez podía abrir y marcharme a pie al pueblo como había planeado ayer. Pero
calculaba mal. Antes de ponerme a quitar los clavos, le he oído. Era Primo Osborne, naturalmente.
El hombre que dijo que era Primo Osborne quiero decir. Ha entrado en el cercado gritando.
«¡Willie!» Pero yo no he contestado. Luego ha intentado abrir la puerta y después las ventanas. Le
he oído golpear y maldecir. Eso ha estado mal. Pero entonces se ha puesto a murmurar, y eso ha
sido peor. Porque significaba que no estaba solo. He echado una ojeada por una raja, pero se habían
ido a la parte de atrás de la casa, así que no he visto quiénes estaban con él. Creo que da lo mismo,
porque si estoy en lo cierto, es mejor no berlos.
Ya es bastante desagradable oírlos. Oír ese ronco croar, y luego oírle a él hablar y después croar otra
vez. El olor es un olor espantoso, como el limo verde de los bosques y del pozo. El pozo... han ido
al pozo de atrás. Y he oído a Primo Osborne decir algo así como: «Esperad hasta que oscurezca.
Podemos utilizar el pozo si encontráis la entrada. Buscad la entrada.»
Ahora ya sé lo que significa. El pozo debe de ser una especie de entrada al lugar que tienen bajo
tierra, que es donde esos druidas viven. Y esa monstruosidad negra. He estado escribiendo de un
tirón y ya la tarde se va yendo. Miro por las rajas y veo que está oscureciendo otra vez. Ahora es
cuando vendrán por mí; cuando oscurezca.
