ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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-Como ve, el chico está trastornado -dijo-. Espero que no le molesten sus desvaríos. El vivir aquí
como él... bueno, usted me comprende, no es el mismo. Se lo explicaré todo camino del pueblo.
Se encogió de hombros e hizo un gesto como de golpearse la cabeza con los dedos. Luego sonrió
otra vez, y se dispuso a subir y tomar asiento junto a nosotros. Pero Cap no le correspondió.
-No, usted, no -dijo-. Este chico, Willie, es un buen chico. Yo lo conozco. A usted no le conozco.
Parece que ya me ha explicado bastante, señor, al decirme que Willie se había ido.
-Pero sólo quería evitar que hablase; escuche, me han llamado como médico para que atienda al
muchacho... está mentalmente desequilibrado.
-¡Maldita sea! -Cap disparó un escupitajo de jugo de tabaco a los pies de Primo Osborne-. Nos
vamos.
Primo Osborne dejó de sonreír.
-Entonces insisto en que me lleve con usted -dijo y trató de subir a la calesa.
Cap se metió la mano en la chaqueta y cuando la sacó otra vez, tenía una enorme pistola en ella.
-¡Baje! -gritó-. Señor, está hablando con el Correo de los Estados Unidos, y usted no manda en el
Gobierno, ¿entiende? Ahora baje, si no quiere que le esparza los sesos en el camino.
Primo Osborne arrugó el ceño, pero se apartó en seguida de la calesa. Me miró a mí y encogió los
hombros.
-Cometes una gran equivocación, Willie -dijo.
Yo no le miré siquiera. Cap dijo: «Vamos», y salimos al camino. Las ruedas de la calesa rodaron
más y más de prisa, y no tardamos en perder de vista la casa y Cap se guardó la pistola y me palmeó
en el hombro.
-Deja de temblar, Willie -dijo-. Ahora estás a salvo. Nadie te molestará. Dentro de una hora o así
estaremos en el pueblo. Ahora sosiégate y cuéntale al viejo Cap todo lo que ha pasado.
Se lo conté. Tardé mucho tiempo. Corríamos a través de los bosques, y antes de que me diera
cuenta, casi había oscurecido. El sol se deslizó furtivamente detrás de los montes. La oscuridad
empezaba a invadir los bosques a ambos lados del camino, y los árboles empezaban a susurrar,
diciéndoles a las sombras que nos siguiesen. El caballo corría y brincaba y muy pronto oímos otros
ruidos a lo lejos. Podían ser truenos o podían ser otra cosa. Pero lo que era seguro es que se
avecinaba la noche y que era víspera de Todos los Santos. La carretera cruzaba entre los montes
ahora, y no beías adónde te iba a llevar la siguiente curva. Además, oscurecía muy de prisa.
-Sospecho que nos va a caer un chaparrón -dijo Cap, mirando hacia el cielo-. Eso son truenos, creo.
-Tambores -dije yo.
-¿Tambores?
-Por la noche pueden oírse en los montes -dije-. Los he oído todo este mes. Son ellos, se están
preparando para el sabbath.
-¿El sabbath? -Cap me miró-. ¿Dónde has oído hablar del sabbath?
Entonces le conté algo más sobre lo que había ocurrido. Le conté todo lo demás. No dijo nada, y al
poco tiempo no pudo haber contestado tampoco porque los truenos sonaban alrededor nuestro, y la
lluvia azotaba la calesa, la carretera, todo. Ahora había oscurecido completamente, y sólo podíamos
ver cuando surgía algún relámpago. Tenía que gritar para hacerme oír, contarle a voces los seres que
se habían apoderado de Tío Fred y habían venido por Tía Lucy, los que se habían llevado nuestro
ganado y luego enviaron a Primo Osborne por mí. Le conté a gritos también lo que había oído en el
bosque. A la luz de los relámpagos pude ber la cara de Cap. Sonreía o arrugaba el ceño... parecía
que me creía. Y noté que había sacado otra vez la pistola y que sostenía las riendas con una mano a
pesar de que corríamos muy de prisa. El caballo estaba tan asustado que no necesitaba que lo
