ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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soñado y oído y visto y lo que sabía... pero pensé que no serviría de nada. Además, había cosas que
yo no quería decirle ahora que había hablado con él. Me sentía asustado otra vez. Primero dijo que
era de Arkham y luego, cuando le pregunté me dijo que era de Kingsport pero a mí me sonaba a
mentira. Luego dijo algo sobre que yo tenía miedo en los bosques, pero ¿cómo podía saber eso él?
Yo no le había contado ese detalle. Si queréis saber qué es lo que yo pensaba de verdad, pensaba
que tal bez no era Primo Osborne. Y si no era él, entonces ¿quién era?
Me puse de pie y me dirigí al vestíbulo.
-¿Adónde vas, hijo ? -preguntó.
-Afuera.
-Iré contigo.
Con toda seguridad, me vigilaba. No iba a perderme de vista. Vino a mí y me cogió del brazo
amistosamente... pero yo no podía soltarme. No, se pegó a mi lado. Sabía que yo me proponía echar
a correr. ¿Qué podía hacer? Estaba a solas en la casa del bosque con este hombre, y de cara a la
noche, víspera de Todos los Santos, y ellos aguardando fuera. Salimos, y noté que ya empezaba a
oscurecer, aun en plena tarde. Las nubes habían ocultado el sol, y el viento agitaba los árboles de
forma que alargaban las ramas como si trataran de retenerme. Hacían un ruido susurrante, como si
cuchichearan cosas sobre mí, y él levantó la vista como para mirarlos y escucharlos. A lo mejor
comprendía lo que decían. A lo mejor le estaban dando órdenes. Luego casi me eché a reír, porque
se puso a escuchar algo, y yo lo oí también. Era un golpear en el camino.
-Cap Pritchett -dije-. Es el cartero. Ahora podremos irnos al pueblo en su calesa.
-Deja que hable con él -dijo-. Y sobre tus tíos, no hay por qué alarmarle y no vamos a armar
escándalo, ¿no te parece? Corre adentro.
-Pero, Primo Osborne -dije-. Tenemos que decir la verdad.
-Pues claro que sí, hijo. Pero eso es cosa de mayores. Ahora corre. Ya te llamaré.
Hablaba con mucha amabilidad y hasta sonrió, pero de todos modos me llevó a la fuerza hasta el
porche y me metió en la casa y cerró con un portazo. Me quedé en el vestíbulo a oscuras y pude oír
a Cap Pritchett y llamarle, y que él subía a la calesa y hablaba, y luego oí un murmullo muy bajo.
Miré por una raja de la puerta y los vi. Cap Pritchett le hablaba amistosamente, con humor, y no
pasaba nada. Después, al cabo de un minuto o dos, Cap Pritchett hizo un gesto de despedida y cogió
las riendas, ¡y la calesa se puso en marcha otra vez! Entonces me di cuenta de lo que tenía que
hacer, pasara lo que pasase. Abrí la puerta y eché a correr, con la maletita y todo, sendero abajo, y
luego por el camino, detrás de la calesa. Primo Osborne trató de cogerme cuando pasé por su lado,
pero lo esquivé y grité:
-¡Espéreme, Cap, quiero irme, lléveme al pueblo!
Cap se detuvo y miró hacia atrás, realmente desconcertado.
-¡Willie! -dijo-. Creía que te habías ido. El me ha dicho que te habías marchado con Fred y con
Lucy.
-No le haga caso -dije-. No quería que me fuera. Lléveme al pueblo. Tengo que contarle lo que ha
pasado. Por favor, Cap, tiene que llevarme.
-Claro que sí, Willie. Sube.
Salté arriba. Primo Osborne vino en seguida a la calesa.
-Baja ahora mismo -dijo con astucia-. No puedes marcharte así como así. Te lo prohibo. Estás bajo
mi custodia.
-No le escuche -supliqué-. Lléveme, Cap. ¡Por favor!
-Muy bien -dijo Primo Osborne-. Si insistes en no ser razonable, iremos todos. No puedo consentir
que te vayas solo.
Sonrió a Cap.