ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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ponerse a rezar con todas aquellas bocas... a rezar a ese viejo dios de debajo del suelo. No sé de
dónde saqué la idea de cómo rezaba: pegando sus bocas al suelo. Tal vez porque vi el limo verde.
¿O es que lo presencié en realidad? Nunca volví a aquel lugar a mirar. Tal vez no eran más que
figuraciones mías, la historia de los druidas y ellos y la voz que decía «shoggoth» y todo lo demás.
Pero entonces, ¿dónde estaban Primo Osborne y Tío Fred? ¿Y qué asustó al caballo para venir de
esa manera y morirse al día siguiente?
Los pensamientos me seguían dando vueltas y más vueltas en la cabeza, cada uno expulsando al
otro, pero todo lo que sabía era que no estaríamos aquí la noche del 31 de octubre, víspera de Todos
los Santos. Porque la noche del 31 de octubre caía en jueves, y Cap Pritchett vendría y podríamos
irnos al pueblo con él. La noche antes hice que Tía Lucy recogiera unas cuantas cosas y lo dejamos
todo preparado, y entonces me eché a dormir. No hubo ruidos, y por primera vez me sentí un poco
mejor. Sólo que volvieron los sueños. Soñé que un puñado de hombres venían en la noche y
entraban por la ventana de la habitación donde dormía Tía Lucy y la cogían. La ataban y se la
llevaban en silencio, a oscuras, porque tenían ojos de gato y no necesitaban luz para ver. El sueño
me asustó tanto que me desperté cuando ya despuntaba el día. Bajé corriendo a buscar a Tía Lucy.
Había desaparecido. La ventana estaba abierta de par en par, como en mi sueño, y había algunas
mantas desgarradas. El suelo estaba duro, fuera de la ventana, y no vi huellas de pies ni nada. Pero
había desaparecido. Creo que grité entonces. Es difícil recordar lo que hice a continuación. No quise
desayunar. Salí gritando «Tía Lucy» sin esperar ninguna respuesta. Fui al granero y encontré la
puerta abierta, y que las vacas habían desaparecido. Vi una huella o dos que se dirigían al camino,
pero no me pareció prudente seguirlas.
Poco después fui al pozo y entonces grité otra vez, porque el agua estaba verdosa de limo en el
nuevo, igual que el agua del viejo. Cuando vi aquello supe que estaba en lo cierto. Debieron de
venir ellos por la noche y ya no trataron de ocultar sus fechorías. Porque estaban seguros de las
cosas. Esta era la noche del 31 de octubre, víspera de Todos los Santos. Tenía que marcharme de
aquí. Si ellos vigilaban y esperaban, y no podía confiar en que Cap Pritchett apareciese esta tarde.
Tenía que intentar bajar al camino, así que era mejor que me fuera ahora, por la mañana, mientras
había luz para llegar al pueblo. Con que me puse a revolver y encontré un poco de dinero en el
cajón de la mesa de Tío Fred y la carta de Primo Osborne, con el remite de Kingsport, desde donde
escribió. Ahí es adonde yo habría ido después de contar a la gente lo sucedido. Debo tener familia
allí. Me preguntaba si me creerían en el pueblo cuando les contara la forma en que Tío Fred había
desaparecido, y Tía Lucy, y el robo del ganado para un sacrificio y lo del limo verde en el pozo
donde algún animal se había parado a beber. Me preguntaba si se enterarían de los tambores, y las
fogatas que habría en los montes esta noche y si formarían una partida y vendrían esta noche para
tratar de cogerlos a todos ellos y a lo que se proponían hacer salir de la tierra. Me preguntaba si
sabrían qué era un «shoggoth».
Bueno, tanto si iban a venir como si no, yo no iba a quedarme a averiguarlo Así que hice mi
pequeña maleta y me dispuse a marcharme. Debía ser alrededor de mediodía y todo estaba
tranquilo. Fui a la puerta y salí sin molestarme en cerrarla con llave después. ¿Para qué, si no había
nadie en muchos kilómetros a la redonda? Entonces oí el ruido abajo en el camino. Era ruido de
pasos. Alguien benía por el camino, exactamente por la curva. Me quedé quieto un minuto,
esperando a ber, esperando para echar a correr. Entonces apareció.
Era alto y delgado, y se parecía un poco a Tío Fred, sólo que mucho más joven y sin barba, y vestía
una especie de traje elegante como de ciudad y un sombrero de copa. Sonrió al verme y vino hacia
mí como si me conociera.
-Hola, Willie -dijo.
