ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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Yo no dije nada, estaba muy confundido.
-¿No me conoces ? -dijo-. Soy Primo Osborne. Tu primo Frank -me tendió la mano para
estrecharme-. Pero supongo que no te acuerdas de mí, ¿verdad? La última vez que te vi eras sólo un
bebé.
-Pero yo creía que tenías que venir la semana pasada -dije-. Te esperábamos el 25.
-¿No recibisteis mi telegrama? -preguntó-. Tuve que hacer.
Negué con la cabeza.
-Nosotros no recibimos nada, aparte del correo que nos traen los jueves. A lo mejor está en la
estación.
Primo Osborne hizo una mueca.
-Estáis bastante lejos del bullicio, desde luego. Este mediodía no había nadie en la estación. He
esperado a Fred para que me recogiera en su calesa, así no me habría dado la caminata, pero no he
tenido suerte.
-¿Has venido a pie todo el trayecto? -pregunté.
-Desde luego.
-¿Y has venido en tren?
Primo Osborne asintió.
-Entonces, ¿dónde está tu maleta?
-La he dejado en el apeadero -me dijo-. Está demasiado lejos para traerla en la mano. Pensé que
Fred me puede llevar en su calesa para recogerla -notó mi equipaje por primera vez-. Pero, un
momento, ¿adónde vas con esa maletita, hijo?
Bueno, no me quedaba otro remedio que contarle todo lo que había sucedido. Así que le dije que
fuéramos a la casa a sentarnos, y se lo explicaría. Volvimos y él preparó un poco de café y yo hice
un par de bocadillos y comimos, y entonces le conté que Tío Fred había ido al apeadero y no había
vuelto, y lo del caballo, y lo que le ocurrió luego a Tía Lucy. Me callé lo que me pasó a mí en el
bosque, naturalmente, y ni siquiera le insinué lo de ellos. Pero le dije que estaba asustado y que me
disponía a irme hoy mismo antes de que oscureciese. Primo Osborne me escuchaba, asentía y no
decía nada ni me interrumpía.
-Así que por eso, tenemos que irnos de aquí.
Primo Osborne se levantó.
-Puede que tengas razón, Willie -dijo-. Pero no dejes correr demasiado la imaginación, hijo. Trata
de separar los hechos de las fantasías. Tus tíos han desaparecido. Eso es un hecho. Pero esa otra
tontería sobre unos seres de los bosques que vienen por ti... eso es fantasía. Me recuerda todas
aquellas estupideces que contaban en casa, en Arkham. Y por alguna razón, me lo recuerdan más en
este tiempo, ya que es 31 de octubre. Porque, cuando me marché...
-Perdona, Primo Osborne -dije-. Pero ¿no vives en Kingsport?
-Pues claro -me contestó-. Pero antes vivía en Arkham, y conozco a la gente de por aquí. No me
extraña que te asusten los bosques y que imagines cosas. De hecho, admiro tu valentía. Para tus
doce años, te has portado con mucha sensatez.
-Entonces pongámonos en camino -dije-. Son casi las dos, y lo más prudente es que nos vayamos si
queremos llegar al pueblo antes de la puesta del sol.
-Aún no, hijo -dijo Primo Osborne-. No me iré tranquilo sin echar antes una ojeada y ver qué
podemos averiguar sobre este misterio. Al fin y al cabo, debes comprender que no podemos
marcharnos al pueblo y contarle al sheriff cualquier disparate sobre extrañas criaturas de los
bosques que vinieron y se llevaron a tus tíos. La gente sensata no cree en esas cosas. Podrían pensar
que estoy mintiendo y se reirían de mí. Podrían creer que has tenido algo que ver con... bueno, con
la desaparición de tus tíos.
-Por favor -dije-. Vámonos ahora mismo.
Negó con la cabeza. No dije nada más. Podía haberle dicho un montón de cosas, lo que había