ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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persuadir, luego suplica, por fin amenaza...
-Es mejor que obedezca -le dije a Mr. Cassidy-. ¿Le ha dicho a quién tiene que matar?
-¡No quiero! –sollozó-. ¡No quiero, no quiero!
-¿Qué es lo que no quiere?
-No quiero matar al doctor Silversmith para darle su cabeza a Enoch. Me quedaré aquí en la celda,
donde estoy a salvo...
Se sentó, acurrucado, apretándose la cabeza con las manos.
-Es mejor que obedezca –grité-, de lo contrario Enoch hará algo. ¡Por favor, Mr. Cassidy, dese
prisa...!
Mr. Cassidy gimió débilmente y pensé que se había desmayado. No hablaba, no se movía. Lo llamé
varias veces, pero no me contestó. ¿Qué podía hacer? Me senté en un rincón y miré la luna.
La luna siempre vuelve violento a Enoch.
Mr. Cassidy comenzó a gritar. No en voz alta, sino en lo profundo de su garganta. No se movía:
gritaba tan sólo. Supe que era Enoch: ¡estaba tomando de él lo que deseaba! ¿Qué podía hacer yo?
No podía detener a Enoch. Había advertido a Mr. Cassidy. Permanecí sentado y me tapé los oídos
con las manos hasta que hubo acabado todo. Cuando me volví, Mr. Cassidy seguía agarrado a los
barrotes. No se oía ningún ruido. ¡Oh, sí! ¡Sí, se oía un ruido! Un ronroneo. Un dulce y lejano
ronroneo. El ronroneo de Enoch después de haber comido. Luego percibí como un ligero raspar.
¡Las garras de Enoch, cuando da saltitos de satisfacción! Los ruidos procedían del interior de la
cabeza de Mr. Cassidy. Era Enoch, claro, y estaba contento.
Yo también estaba contento.
Cogí lentamente las llaves del bolsillo de Mr. Cassidy. Abrí la celda y fui otra vez libre. No hacía
ninguna falta que yo me quedara allí, ahora que Mr. Cassidy estaba muerto. Y tampoco
Enoch quería quedarse allí. Lo llamé:
-¡Aquí, Enoch!
Vi una especie de luz blanca surgir del gran agujero rojo en el que había comido. Luego sentí el
blando, frío, ligero peso posarse otra vez sobre mi cabeza: ¡Enoch había vuelto a casa!
Atravesé los pasillos y abrí la puerta de la prisión. Sentí los pasitos de Enoch arriba y abajo sobre
mi cráneo, sobre mi cerebro. Caminamos juntos en la noche. La luna brillaba. Todo era silencio.
Sólo oía el parloteo y las ahogadas risitas de Enoch junto a mi oído.
CUADERNO HALLADO EN UNA CASA DESHABITADA.
Ante todo, quiero afirmar que yo no he hecho nunca nada malo. A nadie. No tienen ningún derecho
a encerrarme aquí, sean quienes fueren. Y no tienen ningún motivo para hacer lo que presiento que
van a hacer. Creo que no tardarán en entrar, porque hace ya mucho tiempo que se han marchado.
Supongo que estarán excavando en el pozo viejo. He oído que buscan una entrada. No una entrada
normal, por supuesto, sino algo distinto.
Tengo una idea concreta de lo que pretenden, y estoy asustado. Esos sueños sobre el ser negro que
era como un árbol, que andaba por los bosques y echaba raíces en un determinado lugar para
