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Carmelo, al S. de Hebrón, y a quien David y sus hombres habían mostrado bondad, los trató con
desaire e ingratitud. La rápida reacción de Abigail, esposa de Nabal, impidió que David exterminara
a los varones de la casa, pero Jehová hirió a Nabal, así que murió. Después David se casó con la
viuda, de modo que tuvo dos esposas: Ahinoam de Jezreel y Abigail de Carmelo; durante la larga
ausencia de David, Saúl había entregado a su hija Mical a otro hombre. (1Sa 25:1-44; 27:3.)
Por segunda vez David se refugió en el desierto de Zif y de nuevo empezó la persecución. David
asemejó a Saúl y a sus tres mil hombres a aquellos que buscan “una sola pulga, tal como se corre
tras una perdiz sobre las montañas”. Una noche David y Abisai entraron con cautela en el
campamento de Saúl mientras todos dormían y se hicieron con la lanza y la jarra del agua de Saúl.
Abisai quería matar a Saúl, pero David le perdonó la vida por segunda vez, diciendo que desde el
punto de vista de Jehová era inconcebible para él alargar su mano contra el ungido de Dios. (1Sa
26:1-25.) Esa noche fue la última vez que David vio a su adversario.
David se estableció en Ziqlag, dentro del territorio filisteo, por un período de dieciséis meses, fuera
del alcance de Saúl. Varios hombres poderosos desertaron de las fuerzas de Saúl y se unieron a los
exiliados en Ziqlag, lo que le permitió a David hacer incursiones en las ciudades de los enemigos de
Israel, en el S., y de ese modo aseguró los límites de Judá y fortaleció su futura posición como rey.
(1Sa 27:1-12; 1Cr 12:1-7, 19-22.) Cuando los filisteos se preparaban para atacar a las fuerzas de
Saúl, el rey Akís, pensando que David era “un hedor entre su pueblo Israel”, le invitó a que le
acompañara. No obstante, los otros señores del eje rechazaron a David por considerarle una
amenaza para su seguridad. (1Sa 29:1-11.) En la batalla que culminó en el monte Guilboa, murieron
Saúl y tres de sus hijos, entre ellos Jonatán. (1Sa 31:1-7.)
Entretanto, los amalequitas saquearon y quemaron Ziqlag, y se llevaron todas las mujeres y niños.
Acto seguido, las fuerzas de David persiguieron y alcanzaron a los merodeadores, y recuperaron a
sus esposas e hijos, así como todos los bienes. (1Sa 30:1-31.) Al cabo de tres días, un amalequita
le llevó a David la diadema y el brazalete de Saúl, alardeando falsamente de que había dado muerte
al rey cuando este había sido herido y esperando recibir una recompensa. Aunque el amalequita
había mentido, David ordenó que le matasen por alegar que había dado “muerte al ungido de
Jehová”. (2Sa 1:1-16; 1Sa 31:4, 5.)
Rey. (MAPA, vol. 1, pág. 746) La trágica noticia de la muerte de Saúl afligió mucho a David. Lo
que le entristecía no era tanto la muerte de su enconado enemigo como la caída del ungido de
Jehová. A modo de lamento, David compuso una endecha titulada “El arco”. En ella llora la muerte
de Saúl, su enconado enemigo, y la de su mejor amigo, caídos juntos en batalla: “Saúl y Jonatán, los
amables y los agradables durante su vida, y en su muerte no fueron separados”. (2Sa 1:17-27.)
Luego David se trasladó a Hebrón, donde los ancianos de Judá le ungieron rey sobre su tribu en
1077 a. E.C., cuando contaba treinta años. Is-bóset, hijo de Saúl, fue hecho rey sobre las otras tribus.
Unos dos años más tarde, Is-bóset fue asesinado, y sus agresores le llevaron su cabeza a David
esperando recibir una recompensa, pero también a ellos se les dio muerte como había ocurrido con
el presunto asesino de Saúl. (2Sa 2:1-4, 8-10; 4:5-12.) Este hecho preparó el camino para que las
tribus que hasta entonces habían apoyado al hijo de Saúl se uniesen a Judá, y, finalmente, se le unió
a David una fuerza que ascendía a 340.822 hombres y lo hicieron rey sobre todo Israel. (2Sa 5:1-3;
1Cr 11:1-3; 12:23-40.)
Gobierna en Jerusalén. David gobernó en Hebrón siete años y medio antes de trasladar la capital
por dirección de Jehová a Jerusalén, la fortaleza que les había arrebatado a los jebuseos. Fue allí,
en Sión, donde construyó la Ciudad de David, y continuó gobernando otros treinta y tres años. (2Sa
5:4-10; 1Cr 11:4-9; 2Cr 6:6.) Mientras vivía en Hebrón, tomó más esposas e hizo que le devolvieran
a Mical, y tuvo con ellas varios hijos e hijas. (2Sa 3:2-5, 13-16; 1Cr 3:1-4.) Después de trasladarse a
Jerusalén, se consiguió aún más esposas y concubinas, que, a su vez, le dieron a luz más hijos.
(2Sa 5:13-16; 1Cr 3:5-9; 14:3-7.)
Cuando los filisteos oyeron que David era rey de todo Israel, subieron para derrotarle. Como en
el pasado (1Sa 23:2, 4, 10-12; 30:8), David inquirió de Jehová si debería ir contra ellos. “Sube”, fue
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