EMT 2015 (2).pdf


Vista previa del archivo PDF emt-2015-2.pdf


Página 1...68 69 707172138

Vista previa de texto


la respuesta, y Jehová irrumpió contra el enemigo con una destrucción tan abrumadora que David
llamó al lugar Baal-perazim, que significa “Dueño de Rompimientos a Través” o “Dueño de
Irrupciones”. En un enfrentamiento posterior, la estrategia de Jehová cambió y le ordenó a David que
diese la vuelta alrededor y atacase a los filisteos por detrás. (2Sa 5:17-25; 1Cr 14:8-17.)
David intentó llevar el arca del pacto a Jerusalén, pero este intento fracasó cuando Uzah tocó el
Arca y “el Dios verdadero lo derribó allí”. (2Sa 6:2-10; 1Cr 13:1-14.) Unos tres meses después, y tras
cuidadosos preparativos —como, por ejemplo, el santificar tanto a los sacerdotes como a los levitas
y asegurarse de que el Arca se llevase sobre los hombros en lugar de colocarse en un carruaje,
como la primera vez—, se llevó el Arca a Jerusalén. David, vestido de manera sencilla, mostró su
alegría y su entusiasmo en esta gran ocasión “saltando y danzando en derredor delante de Jehová”.
Pero su esposa Mical le increpó diciendo que había actuado “como uno de los casquivanos”. Por
esta queja injustificada, Mical “no llegó a tener hijo alguno hasta el día de su muerte”. (2Sa 6:11-23;
1Cr 15:1-29.)
David también se preocupó de organizar y ampliar la adoración de Jehová en la nueva ubicación
del Arca, asignando porteros y músicos, y encargándose de que hubiese “ofrendas quemadas
constantemente, por la mañana y por la tarde”. (1Cr 16:1-6, 37-43.) Además, pensó en edificar un
templo-palacio de cedro para guardar el Arca, con el fin de reemplazar la tienda en donde se hallaba.
Sin embargo, a David no se le permitió construir la casa, pues Dios dijo: “Sangre en gran cantidad
has vertido, y grandes guerras has hecho. No edificarás una casa a mi nombre, porque mucha sangre
has vertido en la tierra delante de mí”. (1Cr 22:8; 28:3.) Sin embargo, Jehová hizo un pacto con él,
prometiéndole que el reino permanecería en su familia para siempre, y con relación a este pacto, le
aseguró que su hijo Salomón, cuyo nombre procede de una raíz que significa “paz”, construiría el
templo. (2Sa 7:1-16, 25-29; 1Cr 17:1-27; 2Cr 6:7-9; Sl 89:3, 4, 35, 36.)
Por consiguiente, en conformidad con este pacto del reino, Jehová permitió que David extendiese
su dominio territorial desde el río de Egipto hasta el Éufrates, asegurando sus límites, manteniendo
la paz con el rey de Tiro, batallando y venciendo a sus opositores en todos los flancos: filisteos, sirios,
moabitas, edomitas, amalequitas y ammonitas. (2Sa 8:1-14; 10:6-19; 1Re 5:3; 1Cr 13:5; 14:1, 2;
18:1–20:8.) Estas victorias que Dios le concedió le hicieron un gobernante muy poderoso. (1Cr
14:17.) De todos modos, David siempre fue consciente de que la posición que ocupaba no era suya
por conquista o herencia, sino que era por la voluntad de Jehová, quien le había colocado en el trono
de esta teocracia típica. (1Cr 10:14; 29:10-13.)
El pecado le acarrea calamidad. Durante la prolongada campaña contra los ammonitas, ocurrió
uno de los episodios más lamentables de la vida de David. Todo empezó cuando el rey abrigó malos
deseos al observar desde su azotea a la hermosa Bat-seba bañándose. (Snt 1:14, 15.) Al saber que
su esposo Urías estaba en la guerra, David hizo que le llevasen a esta mujer a su palacio, y allí tuvo
relaciones con ella. Con el tiempo, ella le notificó que estaba encinta. Seguramente por temor a que
el embarazo de Bat-seba se descubriese y la condenaran a muerte por conducta inmoral, David envió
en seguida un mensaje al ejército: Urías debía presentarse ante él en Jerusalén, con la esperanza
de que pasara la noche con su esposa. Pero aunque David lo emborrachó, Urías rehusó dormir con
Bat-seba. En su desesperación, David le envió de regreso al ejército con una instrucción secreta al
comandante Joab: que le pusiese en primera línea, donde con seguridad encontraría la muerte. El
ardid tuvo éxito. Urías murió en la batalla, su viuda observó el período de duelo acostumbrado y
luego David se casó con ella antes de que la gente de la ciudad se percatara de que estaba encinta.
(2Sa 11:1-27.)
Pero Jehová había visto sus hechos y puso al descubierto el comportamiento reprensible de
David. Si Jehová hubiese permitido que se les juzgara de acuerdo con la ley mosaica, ambos habrían
sido ejecutados, y con Bat-seba también hubiese muerto el fruto de su adulterio que aún estaba en
su vientre. (Dt 5:18; 22:22.) Sin embargo, Jehová se encargó personalmente de este caso y, por
causa del pacto del Reino, le mostró a David misericordia (2Sa 7:11-16), tomando en consideración
también que David había demostrado ser misericordioso (1Sa 24:4-7; compárese con Snt 2:13) y
que ambos habían manifestado su arrepentimiento ante Dios. (Sl 51:1-4.) Pero no escaparon al
70