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Aprender a escuchar, aprender a hablar
específico a sus alumnos, los niños aportan diferentes alternativas
de solución y, con la ayuda de la educadora, llegan a plantear sus
argumentos y a usar el texto escrito para resolver su problema.
Respecto de la intervención de la docente, podemos ver
que, si bien sus participaciones verbales son menores a las de
los niños, las preguntas que plantea generan múltiples reflexiones en los alumnos: “¿Quién quiere decirnos qué fue lo más
difícil de averiguar?” y “¿A quién se le ocurre cómo podemos
hacer para saber si los niños argentinos hablaban de un juego
o de un lugar?”
Asimismo, frente a las definiciones de los alumnos de una
“calesita”, no asume que alguna de éstas sea la correcta, lo
que permite que los niños se planteen realmente un problema
y que empleen el lenguaje para dar alternativas de solución.
Nótese que los niños, en efecto, emplean el diálogo, se escuchan,
argumentan y contraargumentan; por ejemplo, cuando se suscita
el diálogo siguiente:
Santiago: Como son niños, seguro lo decían de un juego,
porque a los niños nos gusta jugar.
Claudia: Pero también nos gusta… nos gusta salir a pasear
y paseamos yendo a lugares.
Pablo: También podríamos salir otra vez a preguntarles a
otras personas. Como cuando les preguntamos a los demás
de qué era “el mate” y “las masitas”. Así fue como supimos…
Andrea: Pero… ¿otra vez preguntar?... ya preguntamos y
ya nos dijeron.
Héctor: Nos dijeron lo de los juegos y lo del lugar.
Adicionalmente, la docente les modela una alternativa de
solución que les permite evaluar las explicaciones alternativas
que tenían sobre el significado de “calesita”: “Bueno, ya tenemos dos ideas de lo que podría ser ‘calesita’, pero a mí
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Materiales
para
Apoyar
la
Práctica Educativa
