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Aprender a escuchar, aprender a hablar

importante señalar que aun los adultos recurrimos continuamente a este recurso, ya
que saber hablar no significa conocer el significado de la totalidad de las palabras que
escuchamos; constantemente ampliamos nuestro vocabulario no sólo incorporando
nuevas palabras, sino otorgando nuevos significados a las frases o a las palabras.
Esto lo logramos gracias a nuestra posibilidad de realizar inferencias dentro de los
contextos comunicativos en los que se nos presentan las palabras. En este mismo
sentido, no es necesario que los docentes expliquen el significado de todas las palabras difíciles. Asimismo, lo que la docente puede considerar difícil para los niños, en
ocasiones no es así, al menos para algunos, de tal manera que se puede promover
la participación entre los niños para que ellos mismos sean los que traten de explicar
algún término o expresión, o bien, ayudarles, por el contexto en que aparece, a entender a qué se refieren dichas expresiones.
En un porcentaje similar (véase tabla 3), 41.09% de las educadoras optó por una
alternativa de respuesta pertinente: “Leería el cuento tal cual está e involucraría a los
niños para que entendieran el contexto general de la historia”. Es importante hacer
notar que entender el lenguaje en su contexto es muy importante, y que abordar el
significado de las palabras fuera de éste puede resultar contraproducente. Una misma
expresión puede tomar diferentes significados, incluso opuestos, dependiendo del
contexto en que sea dicha. Asimismo, cuando los niños se acostumbran a preguntar
por el significado individual de los términos o expresiones pierden la atención de la
trama o el contexto, lo que hace más difícil entender lo que se lee o escucha.
Sólo 11.32% de las educadoras respondió con alternativas no pertinentes, del
tipo: “Al darme cuenta que el lenguaje del cuento es muy difícil, hubiera cambiado a
otra actividad”, o bien, “Contaría el cuento en un lenguaje más cotidiano, para resaltar
la trama, sin tomar en cuenta la versión escrita”. Respecto de la primera opción no
pertinente, podemos decir que en esta alternativa no se estaría promoviendo el desarrollo de competencias para la lengua oral en los niños, pues simplemente rehúye el
uso de un lenguaje no cotidiano. Respecto de la segunda, cabe señalar que, si bien es
cierto que contar cuentos a los niños puede favorecer que desarrollen su capacidad
de escucha y seguimiento de una trama, es mucho mayor la riqueza que ofrece a los
niños el seguir la lectura de textos escritos, ya que los pone en contacto con formas
de lenguaje diferentes a las que habitualmente escuchan, lo que no sucedería con
escuchar la adaptación que hace la docente.
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