1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

Vista previa de texto
40.
40. Los Institutos religiosos de vida contemplativa y activa tuvieron hasta ahora, y
siguen teniendo, la mayor parte en la evangelización del mundo. El Sagrado Concilio
reconoce gustoso sus méritos, y da gracias a Dios por tantos servicios prestados a la gloria de
Dios y al bien de las almas, y les exhorta a que sigan sin desfallecer en la obra comenzada,
sabiendo, como saben, que la virtud de la caridad, que deben cultivar perfectamente por
exigencias de su vocación, les impulsa y obliga al espíritu y al trabajo verdaderamente
católico.
Los Institutos de vida contemplativa tienen una importancia singular en la conversión
de las almas por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por
medio de la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los nos cristianos, para
escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones. Más aún: se ruega
a estos Institutos que funden casas en los países de misiones, como ya lo han hecho algunos,
para que, viviendo allí de una forma acomodada a las tradiciones genuinamente religiosas de
los pueblos, den su precioso testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad
de Dios, y de la unión en cristo.
Los Institutos de vida activa, por su parte, persigan o no un fin estrictamente misional,
pregúntense sinceramente delante de Dios si pueden extender su actividad para la expansión
del Reino de Dios entre los gentiles; si pueden dejar a otros algunos ministerios, de suerte
que dediquen también sus fuerzas a las misiones; si pueden comenzar su actividad en las
misiones, adaptando, si es preciso, sus Constituciones, fieles siempre a la mente del
Fundador; si sus miembros participan según sus posibilidades, en la acción misional; si su
género de vida es un testimonio acomodado al espíritu del Evangelio y a la condición del
pueblo.
Creciendo cada día en la Iglesia, por inspiración del Espíritu Santo, los Institutos
seculares, su trabajo, bajo la autoridad del Obispo, puede resultar fructuoso en las misiones
de muchas maneras, como señal de entrega plena a la evangelización del mundo.
Deber misional de los laicos
41.
41. Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su
misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos, sobre todo si, llamados
por Dios, son destinados por los Obispos a esta obra.
En las tierras ya cristianas, los laicos cooperan a la obra de evangelización,
fomentando en sí mismos y en los otros el conocimiento y el amor de las misiones,
suscitando las vocaciones en la propia familia, en las asociaciones católicas y en las escuelas,
ofreciendo ayudas de cualquier género, para dar a otros el don de la fe, que ellos recibieron
gratuitamente.
En las tierras de misiones, los laicos, sean extranjeros o nativos, enseñen en las
escuelas, administren los bienes temporales, colaboren en la actividad parroquial y diocesana,
establezcan y promuevan diversas formas de apostolado seglar para que los fieles de las
Iglesias jóvenes puedan, cuanto antes, asumir su propio papel en la vida de la Iglesia.
