1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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referentes a la cooperación organizada del propio país. Traten los Obispos en sus
Conferencias; del clero diocesano que se ha de consagrar a la evangelización de los gentiles;
de la tasa determinada que cada diócesis debe entregar todos los años, según sus ingresos
para la obra de las misiones; de dirigir y ordenar las formas y medios con que se ayude
directamente a las mismas; de ayudar y, si es necesario, fundar Institutos misioneros y
seminarios del clero diocesano para las misiones; de la manera de fomentar estrechas
relaciones entre estos Institutos y las diócesis.
Es propio de las Conferencias Episcopales establecer y promover obras en que sean
recibidos fraternalmente y ayudados con cuidado pastoral conveniente los que inmigran de
tierras de misiones para trabajar y estudiar. Porque por ellos se acercan de alguna manera los
pueblos lejanos y se ofrece a las comunidades ya cristianas desde tiempos remotos una
ocasión magnífica de dialogar con los que no oyeron todavía el Evangelio y de manifestarles
con servicio de amor y de asistencia la imagen auténtica de Cristo.
Deber misional de los sacerdotes
39.
39. Los presbíteros representan la persona de Cristo y son cooperadores del orden
episcopal, en su triple función sagrada que se ordena a las misiones por su propia naturaleza.
Estén profundamente convencidos que su vida fue consagrada también al servicio de las
misiones. Y porque, comunicando con Cristo Cabeza, por su propio ministerio, centrado
esencialmente en la Eucaristía - que perfecciona la Iglesia -, y conduciendo a otros a la
misma comunicación, no pueden dejar de sentir lo mucho que les falta para la plenitud del
Cuerpo, y cuánto por ende hay que trabajar para que vaya creciendo cada día. Por
consiguiente, organizarán el cuidado pastoral de forma que sea útil a la dilatación de
Evangelio entre los no cristianos.
Los presbíteros, en el cuidado pastoral, excitarán y mantendrán entre los fieles el celo
por la evangelización del mundo, instruyéndolos con la catequesis y la predicación sobre el
deber de la Iglesia de anunciar a Cristo a los gentiles; enseñando a las familias cristianas la
necesidad y el honor de cultivar las vocaciones misioneras entre los propios hijos;
fomentando el fervor misionero en los jóvenes de las escuelas y de las asociaciones católicas
de forma que salgan de entre ellos futuros heraldos del Evangelio. Enseñen a los fieles a orar
por las misiones y no se avergüencen de pedirles limosna, haciéndose mendigos por Cristo y
por la salvación de las almas.
Los profesores de los seminarios y de las universidades expondrán a los jóvenes la
verdadera situación del mundo y de la Iglesia para que comprendan claramente la necesidad
de una más esforzada evangelización de los no cristianos. En las enseñanzas de las
disciplinas dogmáticas, bíblicas, morales e históricas hagan notar los motivos misionales, que
en ellas se contienen, para ir formando de este modo la conciencia misionera en los futuros
sacerdotes.
Deber misionero de los Institutos de perfección