1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

Vista previa de texto
Institutos que trabajan en las misiones
27.
27. Aunque todo esto es enteramente necesario para cada uno de los misioneros, sin
embargo, es difícil que puedan conseguirlo aisladamente. No pudiéndose satisfacer la obra
misional individualmente, como demuestra la experiencia, la vocación común congregó a los
individuos en Institutos, en los que, reunidas las fuerzas, se formen convenientemente y
cumplan esa obra en nombre de la Iglesia y a disposición de la autoridad jerárquica. Estos
Institutos sobrellevaron desde hace muchos siglos el peso del día y del calor, entregados a la
obra misional ya enteramente, ya sólo en parte.
Muchas veces la Santa Sede les ha confiado evangelizar vastos territorios en que
reunieron un pueblo nuevo para Dios, una iglesia local unida y sus pastores. Fundadas las
iglesias con su sudor y a veces con su sangre, servirán con celo y experiencia, en fraterna
cooperación, o ejerciendo la cura de almas, o cumpliendo cargos especiales para el bien
común.
A veces asumirán trabajos más urgentes en todo el ámbito de alguna región; por
ejemplo, la evangelización de grupos o de pueblos que quizá no recibieron el mensaje del
Evangelio por razones especiales o lo rechazaron hasta el momento.
Si es necesario, están dispuestos a formar y a ayudar con su experiencia a los que se
ofrecen por tiempo determinado a la labor misional.
Por estas causas y porque aún hay que llevar muchas gentes a Cristo, continúan
siendo muy necesarios los Institutos.
Capítulo V
Ordenación de la actividad misional
Introducción
28.
28. Puesto que los fieles cristianos tienen dones diferentes, deben colaborar en el
Evangelio cada uno según su oportunidad, facultad, carisma y ministerio; todos, por
consiguiente, los que siembran y los que siegan, los que plantan y los que riegan, es necesario
que sean una sola cosa, a fin de que " buscando unidos el tiempo fin" dediquen sus esfuerzos
unánimes a la edificación de la Iglesia.
Por lo cual los trabajos de los heraldos del Evangelio y los auxilios de los demás
cristianos hay que dirigirlos y aunarlos de forma que " todo se haga con orden ", en todos los
campos de la actividad y de la cooperación misional.
