1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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dispuestos y cuando se presente la ocasión ofrézcanse con valentía a su Obispo para
emprender la obra misionera en las regiones apartadas o abandonadas de la propia diócesis o
en otras diócesis.
Inflámense en el mismo celo los religiosos y religiosas e incluso los laicos para con
sus conciudadanos, sobre todo los más pobres.
Preocúpense las Conferencias Episcopales de que en tiempos determinados se
organicen cursos de renovación bíblica, teológica, espiritual y pastoral, para que el clero,
entre las variedades y cambios de vida, adquiera un conocimiento más completo de la
teología y de los métodos pastorales.
Por lo demás, obsérvese reverentemente todo lo que ha establecido este Concilio,
sobre todo en el Decreto del " ministerio y de la vida de los presbíteros ".
Para llevar a cabo esta obra misional de la Iglesia particular se requieren ministros
idóneos, que hay que preparar a su tiempo de modo conveniente a las condiciones de cada
Iglesia. pero como los hombres tienden, cada vez más, a reunirse en Episcopales establezcan
las normas comunes para entablar diálogo con estos grupos. Y si en algunas regiones se
hallan grupos de hombres que se resisten a abrazar la fe católica porque no pueden
acomodarse a la forma especial que haya tomado allí la Iglesia, se desea que se les atienda
particularmente, hasta que puedan juntarse en una comunidad todos los cristianos. cada
Obispo llame a su diócesis a los misioneros que la Sede Apostólica pueda tener preparados
para este fin o recíbalos de buen grado y promueva eficazmente sus empresas.
Para que este celo misional florezca entre los nativos del lugar es muy conveniente
que las Iglesias jóvenes participen cuanto antes activamente en la misión universal de la
Iglesia, enviando también ellos misioneros que anuncien el Evangelio por toda la tierra,
aunque sufran escasez de clero. Porque la comunión con la Iglesia universal se completará de
alguna forma cuando también ellas participen activamente del esfuerzo misional para con
otros pueblos.
Fomento del apostolado seglar
21.
21. La Iglesia no está verdaderamente fundada, ni vive plenamente, ni es signo
perfecto de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado
propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en la mentalidad,
en la vida y en el trabajo de un pueblo sin la presencia activa de los laicos. Por tanto, desde la
fundación de la Iglesia hay que atender, sobre todo, a la constitución de un laicado cristiano
maduro.
Pues los fieles seglares pertenecen plenamente al mismo tiempo, al Pueblo de Dios y
a la sociedad civil: pertenecen al pueblo en que han nacido, de cuyos tesoros culturales
empezaron a participar por la educación, a cuya vida están unidos por variados vínculos
sociales, a cuyo progreso cooperan con su esfuerzo en sus profesiones, cuyos problemas
sienten ellos como propios y trabajan por solucionar, y pertenecen también a Cristo, porque
han sido regenerados en la Iglesia por la fe y por el bautismo, para ser de Cristo por la
renovación de la vida y de las obras, para que todo se someta a Dios en Cristo y, por fin, sea
Dios todo en todas las cosas.
