1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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Promoción de la vida religiosa
18.
18. Promuévase diligentemente la vida religiosa desde el momento de la implantación
de la Iglesia, que no solamente proporciona a la actividad misional ayudas preciosas y
enteramente necesarias, sino que por una más íntima consagración a Dios, hecha en la
Iglesia, indica claramente también la naturaleza íntima de la vocación cristiana.
Esfuércense los Institutos religiosos, que trabajan en la implantación de la Iglesia, en
exponer y comunicar, según el carácter y la idiosincrasia de cada pueblo, las riquezas
místicas de que están totalmente llenos, y que distinguen la tradición religiosa de la Iglesia.
Consideren atentamente el modo de aplicar a la vida religiosa cristiana las tradiciones
ascéticas y contemplativas, cuyas semillas había Dios esparcido con frecuencia en las
antiguas culturas antes de la proclamación del Evangelio.
En las iglesias jóvenes hay que cultivar diversas formas de vida religiosa que
presenten los diversos aspectos de la misión de Cristo y de la vida de la Iglesia, y se
entreguen a variadas obras pastorales y preparen convenientemente a sus miembros para
cumplirlas. Con todo, procuren los Obispos en la Conferencia que las Congregaciones, que
tienen los mismos fines apostólicos, no se multipliquen, con detrimento de la vida religiosa y
del apostolado.
Son signos de especial mención los varios esfuerzos realizados para arraigar la vida
contemplativa, por los que unos, reteniendo los elementos esenciales de la institución
monástica, se esfuerzan en implantar la riquísima tradición de su Orden, y otros, vuelven a
las formas más sencillas del antiguo monacato. Procuren todos, sin embargo, buscar la
adaptación oportuna a las condiciones locales. Conviene establecer por todas partes en las
iglesias nuevas la vida contemplativa porque pertenece a la plenitud de la presencia de la
Iglesia.
Capítulo III
Las Iglesias particulares
Incremento de las Iglesias jóvenes
19.
19. La obra de implantación de la Iglesia en un determinado grupo de hombres
consigue su objetivo determinado cuando la congregación de los fieles, arraigada ya en la
vida social y conformada de alguna manera a la cultura del ambiente, disfruta de cierta
estabilidad y firmeza; es decir, está provista de cierto número, aunque insuficiente, de
sacerdotes nativos, de religiosos y seglares, se ve dotada de los ministerios e instituciones
necesarias para vivir, y dilatar la vida del Pueblo de Dios bajo la guía del Obispo propio.
