1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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En estas Iglesias jóvenes la vida del Pueblo de Dios debe ir madurando por todos los
campos de la vida cristiana, que hay que renovar según las normas de este Concilio: las
congregaciones de fieles, con mayor conciencia cada día, se hacen comunidades vivas de la
fe, de la liturgia y de la caridad; los laicos, con su actuación civil y apostólica, se esfuerzan
en establecer en la sociedad el orden de la caridad y de la justicia; se aplican oportuna y
prudentemente los medios de comunicación social; las familias, por su vida verdaderamente
cristiana, se convierten en semilleros de apostolado seglar y de vocaciones sacerdotales y
religiosas. Finalmente, la fe se enseña mediante una catequesis apropiada, se manifiesta en la
liturgia desarrollada conforme al carácter del pueblo y por una legislación canónica oportuna
se introduce en las buenas instituciones y costumbres locales.
Los Obispos, juntamente con su presbiterio, imbuidos más y más del sentir de Cristo
y de la Iglesia, procuran sentir y vivir con toda la Iglesia. Consérvese la íntima unión de las
Iglesias jóvenes con toda la Iglesia, cuyos elementos tradicionales deben asociar a la propia
cultura, para aumentar con efluvio mutuo de fuerzas de vida del Cuerpo místico. Por ello,
cultívense los elementos teológicos, psicológicos y humanos que puedan conducir al fomento
de este sentido de comunión con la Iglesia universal.
Pero estas Iglesias, situadas con frecuencia en las regiones más pobres del orbe, se
ven todavía muchas veces en gravísima penuria de sacerdotes y en la escasez de recursos
materiales. Por ello, tienen suma necesidad de que la continua acción misional de toda la
Iglesia les suministre los socorros que sirvan, sobre todo, para el desarrollo de la Iglesia local
y para la madurez de la vida cristiana. Ayude también la acción misional a las Iglesias,
fundadas hace tiempo, que se encuentran en cierto estado de retroceso o debilitamiento.
Estas Iglesias, con todo, organicen un plan común de acción pastoral y las obras
oportunas, para aumentar en número, juzgar con mayor seguridad y cultivar con más eficacia
las vocaciones para el clero diocesano y los institutos religiosos, de forma que puedan
proveerse a sí mismas, poco a poco, y ayudar a otras.
Actividad misionera de las Iglesias particulares
20.
20. Como la Iglesia particular debe representar lo mejor que pueda a la Iglesia
universal, conozca muy bien que ha sido enviada también a aquellos que no creen en Cristo y
que viven en el mismo territorio, para servirles de orientación hacia Cristo con el testimonio
de la vida de cada uno de los fieles y de toda la comunidad.
Se requiere, además, el ministerio de la palabra, para que llegue a todos el Evangelio,
El Obispo, en primer lugar, debe ser el heraldo de la fe que lleve nuevos discípulos a Cristo.
para cumplir debidamente este sublime encargo, conozca íntegramente las condiciones de su
grey y las íntimas opiniones de sus conciudadanos acerca de Dios, advirtiendo también
cuidadosamente los cambios que han introducido las urbanizaciones, las migraciones y el
indiferentismo religioso.
Emprendan fervorosamente los sacerdotes nativos la obra de la evangelización en las
Iglesias jóvenes, trabajando a una son los misioneros extranjeros, con los que forman un
presbiterio aunando bajo la autoridad del Obispo, no sólo para apacentar a los fieles y
celebrar el culto divino, sino también para predicar el Evangelio a los infieles. Estén
