1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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realicen estudios superiores en las universidades incluso extranjeras, sobre todo de Roma, y
otros Institutos científicos, para que las Iglesias jóvenes puedan contar con elementos del
clero local dotados de ciencia y de experiencia convenientes para desempeñar cargos
eclesiásticos de mayor responsabilidad.
Restáurese el Orden del Diaconado como estado permanente de vida según la norma
de la Constitución " De Ecclesia ", donde lo crean oportuno las Conferencias episcopales.
Pues parece bien que aquellos hombres que desempeñan un ministerio verdaderamente
diaconal, o que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del
párroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras
sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio del altar por la
imposición de las manos, transmitida ya desde los Apóstoles, para que cumplan más
eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado.
Formación de los catequistas
17.
17. Digna de alabanza es también esa legión tan benemérita de la obra de las misiones
entre los gentiles, es decir, los catequistas, hombres y mujeres, que llenos de espíritu
apostólico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la
propagación de la fe y de la Iglesia.
En nuestros días, el oficio de los catequistas tiene una importancia extraordinaria
porque resultan escasos los clérigos para evangelizar tantas multitudes y para ejercer el
ministerio pastoral. Su educación, por consiguiente debe efectuarse y acomodarse al progreso
cultural de tal forma que puedan desarrollar lo mejor posible su cometido agravado con
nuevas y mayores obligaciones, como cooperadores eficaces del orden sacerdotal.
Multiplíquense, pues, las escuelas diocesanas y regionales en que los futuros
catequistas estudien la doctrina católica, sobre todo en su aspecto bíblico y litúrgico, y el
método catequético, con la práctica pastoral, y se formen en la moral cristiana, procurando
practicar sin cesar la piedad y la santidad de vida.
Hay que tener, además, reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los
catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra
y robustezca su vida espiritual. Además, hay que procurar a quienes se entregan por entero a
esta obra una condición de vida decente y la seguridad social por medio de una justa
remuneración.
Es de desear que se provea de un modo congruo a la formación y sustento de los
catequistas con subsidios especiales de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide. Si
pareciere necesario y oportuno, fúndese una Obra para los catequistas.
Además, las Iglesias reconocerán, agradecidas, la obra generosa de los catequistas
auxiliares, de cuya ayuda necesitarán. Ellos presiden la oración y enseñan en sus
comunidades. Hay que atender convenientemente a su formación doctrinal y espiritual. E
incluso es de desear que, donde parezca oportuno, se confiere a los catequistas debidamente
formados misión canónica en la celebración pública de la acción litúrgica, para que sirvan a
la fe con más autoridad delante del pueblo.