1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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Ahora bien, para la implantación de la Iglesia y el desarrollo de la comunidad
cristiana son necesarios varios ministerios que todos deben favorecer y cultivas
diligentemente, con la vocación de una suscitada de entre la misma congregación de los
fieles, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los diáconos y de los
catequistas y la Acción Católica. Prestan, asimismo, un servicio indispensable los religiosos y
religiosas con su oración y trabajo diligente, para enraizar y asegurar en las almas el Reino de
Cristo y ensancharlo más y más.
Constitución del clero local
16.
16. La Iglesia da gracias, con mucha alegría, por la merced inestimable de la vocación
sacerdotal que Dios ha concedido a tantos jóvenes de entre los pueblos convertidos
recientemente a Cristo. Pues la Iglesia profundiza sus más firmes raíces en cada grupo
humano, cuando las varias comunidades de fieles tienen de entre sus miembros los propios
ministros de la salvación en el Orden de los Obispos, de los presbíteros y diáconos, que
sirven a sus hermanos, de suerte que las nuevas Iglesias consigan, paso a paso con su clero la
estructura diocesana.
Todo lo que ha establecido este Concilio sobre la vocación y formación sacerdotal,
obsérvese cuidadosamente en donde la Iglesia se establece por primera vez y en las nuevas
Iglesias. Hay que tener particularmente en cuenta lo que se dice sobre la necesidad de
armonizar íntimamente la formación espiritual con la doctrinal y la pastoral, sobre la vida que
hay que llevar según el modelo del Evangelio, sin consideración del provecho propio o
familiar, sobre el cultivo del sentimiento íntimo del misterio de la Iglesia. Con ello
aprenderán maravillosamente a entregarse por entero al servicio del Cuerpo de Cristo y a la
obra del Evangelio, a unirse con su propio Obispo como fieles cooperadores y a colaborar
con sus hermanos.
Para lograr este fin general hay que ordenar toda la formación de los alumnos a la luz
del misterio de la salvación como se presenta en la Escritura. Descubran y vivan este misterio
de Cristo y de la salvación humana presente a la Liturgia.
Armonícese, según las normas del Concilio, estas exigencias comunes de la
formación sacerdotal, incluso pastoral y práctica, con el deseo de acomodarse al modo
peculiar de pensar y de proceder del propio país. Abranse, pues, y avívense las mentes de los
alumnos para que conozcan bien y puedan juzgar la cultura de su pueblo; conozcan
claramente en las disciplinas filosóficas y teológicas las diferencias y semejanzas que hay
entre las tradiciones, la religión patria y la religión cristiana.
Atienda también la formación sacerdotal a las necesidades pastorales de la región;
aprendan los alumnos la historia, el fin y el método, de la acción misional de la Iglesia, y las
especiales condiciones sociales, económicas y culturales de su pueblo. Edúquense en el
espíritu del ecumenismo y prepárense convenientemente para el diálogo fraterno con los no
cristianos. Todo esto exige que los estudios para el sacerdocio se hagan, en cuanto sea
posible, en comunicación y convivencia con su propio pueblo. Cuídense también la
formación en la buena administración eclesiástica e incluso económica.
Elíjanse, además, sacerdotes idóneos que, después de alguna experiencia pastoral,
