1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


Vista previa del archivo PDF 1965-12-07-concilium-vaticanum-ii-constitutiones-decretaque-omnia-es-1.pdf


Página 1...15 16 171819346

Vista previa de texto


formas de apostolado, que ha de ordenar la Jerarquía convenientemente.
Pues, a fin de promover el espíritu de unidad para que resplandezca en todo el
apostolado de la Iglesia la caridad fraterna, para que se consigan los fines comunes y se
eviten las emulaciones perniciosas, se requiere un mutuo aprecio de todas las formas de
apostolado de la Iglesia y una coordinación conveniente, conservando el carácter propio de
cada una.
Cosa sumamente necesaria, porque la acción peculiar de la Iglesia requiere la armonía
y la cooperación apostólica del clero secular y regular, de los religiosos y laicos.
Relaciones con la Jerarquía
24.
24. Es deber de la Jerarquía promover el apostolado de los laicos, prestar los
principios y subsidios espirituales, ordenar el ejercicio del apostolado al bien común de la
Iglesia y vigilar para que se respeten la doctrina y el orden.
El apostolado seglar admite varias formas de relaciones con la Jerarquía, según las
varias maneras y objetos del mismo apostolado.
Hay en la Iglesia muchas obras apostólicas constituidas por la libre elección de los
laicos y se rigen por su juicio y prudencia. En algunas circunstancias, la misión de la Iglesia
puede cumplirse mejor por estas obras y por eso no es raro que la Jerarquía las alabe y
recomiende. Ninguna obra, sin embargo, puede arrogarse el nombre de católica sin el
asentimiento de la legítima autoridad eclesiástica.
La Jerarquía reconoce explícitamente, de varias formas, algunos otros sistemas del
apostolado seglar.
Puede, además, la autoridad eclesiástica, por exigencias del bien común de la Iglesia,
de entre las asociaciones y obras apostólicas, que tienden inmediatamente a un fin espiritual,
elegir algunas y promoverlas de un modo peculiar en las que asume una responsabilidad
especial. Así, la Jerarquía, ordenando el apostolado de diversas maneras, según las
circunstancias, asocia más estrechamente alguna de sus formas a su propia misión apostólica,
conservando, no obstante, la propia naturaleza y peculiaridad de cada una, sin privar por eso
a los laicos de su necesaria facultad de obrar espontáneamente. Este acto de la Jerarquía en
varios documentos eclesiásticos se llama mandato.
Finalmente, la Jerarquía encomienda a los laicos algunas funciones que están muy
estrechamente unidas con los ministerios de los pastores, como en la explicación de la
doctrina cristiana, en ciertos actos litúrgicos, en cura de almas. En virtud de esta misión, los
laicos, en cuanto al ejercicio de su misión, están plenamente sometidos a la dirección
superior de la Iglesia.
En cuanto atañe a las obras e instituciones del orden temporal, el oficio de la
Jerarquía eclesiástica es enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay
que seguir en los asuntos temporales; tiene también derecho, bien consideradas todas las
cosas, y sirviéndose de la ayuda de los peritos, a discernir sobre la conformidad de tales obras
e instituciones con los principios morales y decidir cuanto se requiere para salvaguardar y
promover los bienes del orden sobrenatural.