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Sección Especial

LA SOLTERÍA Y LA IGLESIA

UNA FAMILIA ETERNA
LOS SOLTEROS SON RELEGADOS CON FRECUENCIA A UN
SEGUNDO PLANO EN LAS IGLESIAS, PUES NO SE NOS CUENTA DE LO
MUCHO QUE PODEMOS APRENDER DE ELLOS. por Katelyn Beaty

A

sisto a una iglesia pequeña
que me permite olvidar
que no tengo esposo.
Nuestra liturgia tiene
un maravilloso efecto
igualador: escuchamos la
lectura de la Biblia, oramos y recibimos
el partimiento del pan de la siguiente
manera: “Cristo ha venido, Cristo ha resucitado, Cristo vendrá otra vez”. Estas
prácticas semanales nos moldean para
ser un pueblo con la mirada puesta en
el futuro. Nos orientan hacia la realidad
del venidero reino de Dios, donde las
personas “ni se casarán ni se darán en
casamiento” (Mt 22.30).
Sin embargo, hay una parte del servicio que pone de relieve mi soledad:
el saludo congregacional. En este momento del servicio las parejas se dan
vuelta y se abrazan mutuamente, antes
de llegar a los pasillos para dar un
apretón de mano a los demás. Yo, por
lo general, espero a que ellos terminen
antes de extender la mano.
Por supuesto, no culpo a las parejas
por saludar primero a sus cónyuges.
Pablo dice que los casados deben
enfocarse en las necesidades de sus
cónyuges, y para muchas parejas, este

30 F E B R E R O 2 0 1 4 E N C O N T A C T O

saludo puede brindar la oportunidad de reconciliarse y dejar atrás el
estrés de la semana. Mis padres se
abrazaban siempre primero el uno al
otro, antes de hacerlo conmigo y con
mi hermano. Pero nuestros cuerpos
tienen una manera de revelar nuestros
pensamientos más profundos y lo que
creemos. Pienso que saludar primero
al cónyuge en la iglesia revela una
priorización equivocada y poco bíblica que deja a los solteros sintiéndose
en un segundo plano.

Parte del todo

En Occidente, sin embargo, los
solteros no son segundos, estadísticamente hablando. Son primeros. Según
el censo de 2011, las parejas casadas
componen solo el 48% de todos los
hogares de los Estados Unidos. Y
los solteros —ya sean divorciados, o
que vivan en concubinato, o padres
solteros, o quienes nunca se han
casado— constituyen por primera vez
la mayoría de los hogares.
La situación es un poco diferente
entre los cristianos evangélicos. Normalmente, muestran tasas más altas
de matrimonio y menos de divorcio