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Sección Especial

LA SOLTERÍA Y LA IGLESIA

Ni estar soltero ni estar
casado define una vida
buena. En este mundo hay mil
maneras de ser felices.
tendrá ideales destrozados. Cada uno de
nosotros será tentado a buscar amor y
significado fuera de Dios. Cada uno de
nosotros recibe gracia para sostenernos
en medio de los trechos accidentados
de nuestra vida. Y cada uno de nosotros
encontrará la bondad inmensa de Dios
y experimentará la belleza del amor.
La buena noticia es que nuestra
realidad más esencial no es nuestra condición civil sino más bien la vida que
tenemos en Dios. Como nos recuerda
Colosenses 1.16, todos fuimos “creado[s]
por medio de él y para él”. Cuando
Dios es nuestro centro, todas las otras
identidades o diferencias quedan subordinadas.
Teniendo en cuenta estas verdades,
es crucial que nos definamos ante todo
como “la iglesia”, en vez de simplemente “casados” o “solteros”. Después
de todo, nuestra identidad básica no
depende de un anillo de matrimonio
sino del hecho de que somos cristianos.
Nuestra cultura, obsesionada por establecer separaciones y fijar su atención
en nuestras miopes experiencias, debe
escuchar el testimonio de la iglesia:
Somos uno en Cristo, el cuerpo de Jesús.
En la iglesia, Dios nos da la bienvenida
a la nueva comunidad. Dios nos ha
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unido, y lo que Dios unió, que no lo separe
el hombre.
Con nuestra identidad compartida y
nuestras luchas comunes, debería ser
obvio que nadie tiene el monopolio de la
virtud cristiana. Tanto los solteros como
los casados deben vivir a plenitud para la
gloria de Dios, en medio de los detalles
particulares de los días que nos han sido
dados. En obediencia al Señor Jesús,
debemos dar nuestras vidas por nuestros
hermanos. El teólogo Stanley Hauerwas
lo dice muy bien: “No amamos porque
estamos casados, sino porque somos cristianos”. Si bien el amor conyugal nos da
una perspectiva de la bondad de Dios, y el
amor de los solteros nos da otra. Ambos
amores encuentran su origen en Dios;
ambos demuestran visiblemente la actitud
misericordiosa de Dios.
Aunque no hemos vivido bien esta verdad, la Escritura nos enseña que el cuerpo
de Cristo necesita tanto de las parejas
casadas como de los solteros para mostrar
la nueva naturaleza de la comunidad de
Dios. Solteros y casados se necesitan
unos a otros para expresar la amplitud del
reino de Dios. Cada uno representa una
manera de ir tras el mismo fin: la vida con
Dios y la dedicación a sus propósitos en el
mundo. La soltería ejemplifica el amor de