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UNIDAD III: Conformidad y desviación

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reconocimiento social que garantiza la riqueza y las dificultades de salir adelante por
medios lícitos es lo que conduce al delito.
La imposibilidad de obtener éxito a través de mecanismos lícitos puede dar lugar a otro
tipo de desviación, a la que Merton llamó ritualismo. Los ritualistas resuelven aquella
tensión entre medios y fines, transmutando esos fines en conductas casi compulsivas,
orientadas a vivir “respetablemente”. Los ritualistas viven una vida gobernada por un
seguimiento escrupuloso de ese estivo de vida que dicen que conduce al éxito, hasta el
punto de que se olvidan del éxito (que parece nunca llegar) a favor de ese estilo de vida.
Algo semejante puede ocurrir en las organizaciones formales: obsesionados los burócratas
por cumplir ciegamente las reglas de organización, pueden dejar de pensar en sí y en qué
medida esas reglas siguen siendo útiles para que la organización cumpla sus objetivos.
Otra opción es el retraimiento: el rechazo tanto de los objetivos culturales como los
medios para conseguirlos. Este es el caso de los alcohólicos, de los toxicómanos o
personas sin hogar (los “sin techo”). Al contrario que los ritualistas, los que siguen (o se
ven empujados) a esta opción llevan un estilo de vida marginal. Pero lo que resulta
sorprendente es que muchos de ellos terminan aceptando o conformándose con su
situación.
Queda una última opción, que es la rebelión. Al igual que los anteriores, los rebeldes
rechazan tanto las definiciones culturales de éxito como los mecanismos para obtenerlo.
Pero dan un paso más: defienden alternativas al orden y las normas sociales existentes.
Los rebeldes no son conformistas. Al contrario, defienden la transformación política (o
incluso religiosa) de la sociedad. Estos son los que nutren los movimientos
contraculturales.

Las subculturas de la desviación

Richard Cloward y Lloyd Ohlin (1966) ampliaron la teoría de Merton en su investigación sobre la
delincuencia juvenil. Estos autores defienden que la conducta delictiva no depende sólo de la
escasez de oportunidades lícitas o legítimas, sino también de la oferta de oportunidades ilegítimas.
En otras palabras, la conformidad o la desviación dependen de la estructura relativa de
oportunidades, que es en definitiva lo que condiciona la vida de los jóvenes.
Las oportunidades ilegales fomentan la aparición de subculturas de delincuentes, en las que,
además de obtener la aceptación de un grupo de iguales, uno puede aprender los conocimientos
del oficio, necesarios para obtener éxito por mecanismos no convencionales. De hecho, las bandas
de delincuentes se especializan de acuerdo con las oportunidades y recursos existentes.
Hay ocasiones, sin embargo, en que no sólo no hay oportunidades lícitas, sino que también
escasean las ilícitas (el caso de barriadas muy marginales). En estos casos la delincuencia se
manifiesta en la forma de subculturas del conflicto donde la frustración desemboca en episodios
de violencia. Alternativamente, pueden aparecer también subculturas del retraimiento,
abandonándose los individuos al consumo de alcohol o de otras drogas.

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John Macionis - Ken Plummer