01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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-¡No! ¡Carajo! ¡No tenías un cuerpo como el cuerpo que tienes hoy!
-¿Qué pasó entonces con mi cuerpo?
-Creí que entendías. Tu cuerpo se lo llevó el humito.
-Pero, ¿adónde fue a dar?
-¿Cómo demonios quieres que sepa eso?
Era inútil persistir en tratar de obtener una explicación "racional". Le dije que no quería
discutir ni hacer preguntas estúpidas, pero si aceptaba la idea de que era posible perder mi
cuerpo, perdería toda mi racionalidad.
Dijo que yo exageraba, como de costumbre, y que no perdí ni iba a perder nada a causa del
humito.
Martes, 28 de enero, 1964
Pregunté a don Juan qué pensaba de la idea de dar el humito a todo el que deseara la
experiencia.
Repuso con indignación que dar el humito a cualquiera sería igual que matarlo, porque no
tendría a nadie que lo guiara. Pedí a don Juan explicar sus palabras. Repuso que yo estaba allí,
vivo y hablando con él, porque él me había hecho regresar. Había recobrado mi cuerpo. Sin él,
yo jamás habría despertado.
-¿Cómo recobró usted mi cuerpo, don Juan?
-Eso lo aprenderás más tarde, pero tendrás que aprenderlo por tu propia cuenta. Por ese
motivo quiero que aprendas lo más posible mientras yo ande todavía por aquí. Has perdido ya
bastante tiempo haciendo preguntas estúpidas sobre cosas absurdas. Pero quizá no sea tu suerte
aprender todo lo del humito.
-Bueno, ¿qué hago entonces?
-Deja que el humito te enseñe cuanto puedas aprender.
-¿También el humito enseña?
-Claro que enseña.
-¿Enseña como Mescalito?
-No, no es un maestro como Mescalito. No enseña las mismas cosas.
-Pero entonces, ¿qué enseña el humito?
-Te enseña a manejar su poder, y para aprender eso de bes tomarlo todas las veces que puedas.
-Su aliado da mucho miedo, don Juan. Lo que sentí no se parecía a nada que yo hubiera
experimentado jamás. Creí haber perdido la razón.
Por algún motivo, esta fue la imagen más aguda que acudió a mi mente. Veía yo el sucedido
total desde la peculiar perspectiva de haber tenido otras experiencias alucinógenas con las
cuales trazar una comparación, y lo único que se me ocurría, una y otra vez, era que con el
humito uno pierde la razón.
Don Juan descartó mi símil, diciendo que lo que yo sentí fue el poder inimaginable del
humito. Y para manejar ese poder, dijo, hay que vivir una vida fuerte. La idea de la vida fuerte
no atañe sólo al periodo de preparación, sino también se vincula a la actitud del sujeto después
de la experiencia. Don Juan dijo que el humito es tan fuerte que sólo con fuerza es posible
hermanarlo; de otro modo, la vida de uno se quebraría en pedazos.
Le pregunté si el humito tenía el mismo efecto sobre cualquiera. Dijo que producía una
transformación, pero no en cualquiera.
-Entonces, ¿cuál es la razón especial de que el humito produjera la transformación en mí?
-pregunté.
-Esa creo que es una pregunta muy tonta. Has seguido con obediencia todos los pasos que se
necesitan. No es nin gún misterio que el humito te transformara.
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