01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

Vista previa de texto
muy oscuro. Apenas podía ver las rocas que estaban frente a mí. Pensé en las palabras de don
Juan: “El crepúsculo: ¡allí está la rendija entre los mundos!”
Tras largo titubeo empecé a seguir los pasos prescritos. Aunque la pasta parecía avena cocida,
no tenía ese tacto. Era muy lisa y fría. Olía en forma peculiar, acre. Producía en la piel una
sensación de frescura y se secaba rápidamente. Me froté las sienes once veces, sin notar efecto
alguno. Traté con mucho cuidado de tomar en cuenta cualquier cambio en percepción o estado
de ánimo, pues ni siquiera sabía qué anticipar. De hecho, no era yo capaz de concebir la
naturaleza de la experiencia, e insistía en buscar pistas.
La pasta se había secado y desprendido en escamas de mis sienes, Estaba a punto de untarme
más cuando advertí que me hallaba sentado sobre los tobillos, a la japonesa. Había estado
sentado con las piernas cruzadas y no recordaba haber cambiado de postura. Tardé algún tiempo
en tomar
plena conciencia de que me encontraba sobre el piso de una especie de claustro con arcadas
altas. Pensé que eran de ladrillo, pero al examinarlas vi que eran de piedra.
Esta transición fue muy difícil. Sobrevino tan repentina mente que yo no estaba listo para
seguirla. Mi percepción de los elementos de la visión era difusa, como si soñara. Pero los
componentes no cambiaban. Permanecían fijos, y yo podía detenerme junto a cualquiera de
ellos y exami narlo concretamente. La visión no era tan clara ni tan real como una inducida por
el peyote. Tenía un carácter nebulo so, un matiz pastel intensamente placentero.
Me pregunté si podría levantarme o no, y en seguida noté que me había movido. Estaba en la
parte superior de una escalera y H, una amiga mía, se hallaba al pie de ella. Sus ojos eran
febriles. Había en ellos un brillo de locura. Rió fuertemente, con tal intensidad que resultó
aterradora su risa, Empezó a subir la escalera. Quise huir o refugia rme, porque "ella había
estado chiflada una vez". Ese fue el pensamiento que acudió a mi mente. Me oculté detrás de
una columna y H pasó ante mí sin mirar, "Ahora se va a un largo viaje", fue otro pensamiento
que se me ocurrió entonces, y finalmente la última idea que recordé fue: "Se ríe cada vez que
está a punto de tronar."
De pronto la escena se hizo muy clara; ya no era como un sueño. Era como una escena común,
pero yo parecía estar viéndola a través de un cristal. Traté de tocar una columna, pero todo
cuanto noté fue que no podía moverme; sin embargo, sabía que podía quedarme cuanto quisiera,
contemplando la escena. Estaba en ella pero no era parte de ella.
Sentí que levantaba un dique de pensamientos y argumentos racionales. Me hallaba, hasta
donde podía juzgar, en un estado ordinario de conciencia sobria. Cada elemento pertenecía al
terreno de mis procesos normales. Y sin embargo, yo sabía que no se trataba de un estado
ordinario.
La escena cambió súbitamente. Era de noche. Me encontraba en el vestíbulo de un edificio. La
oscuridad dentro del edificio me hizo consciente de que en la escena anterior la luz del sol tenía
una hermosa claridad. Pero había sido algo tan común que en ese momento no lo advertí. Al
seguir mirando la nueva visión, vi a un joven salir de un cuarto con una mochila grande sobre
los hombros. No sabía yo quién era, aunque lo había visto una o dos veces. Pasó frente a mí y
descendió las escaleras. Para entonces yo había olvidado mi aprensión, mis dilemas racionales.
"¿Quién es ese tipo?" pensé. "¿Por qué lo vi?"
La escena cambió de nuevo y me hallé observando al joven mutilar libros: pegaba algunas
páginas con goma, borraba marcas. Luego lo vi acomodar los libros con cuidado en una caja de
madera, Había una pila de cajas. No estaba n en su cuarto sino en algún almacén. Otras imágenes acudieron a mi mente, pero no estaban claras. La escena se hizo nebulosa. Tuve la
sensación de girar.
Don Juan me sacudió por los hombros y desperté. Me ayudó a levantarme y caminamos de
regreso a su casa. Habían pasado tres horas y media desde el momento en que empecé a untar la
58
