01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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pasta en mis sienes hasta la hora en que desperté, pero el estado visionario no pudo haber
durado más de diez minutos. Yo no sentía ningún mal efecto; sólo hambre y sueño.
jueves, 18 de abril, 1963
Don Juan me pidió anoche describir mi reciente experiencia, pero yo estaba demasiado
adormecido para hablar de ella. No podía concentrarme. Hoy, apenas desperté, repitió su
petición.
-¿Quién te dijo que esta muchacha H había estado chiflada? -preguntó cuándo terminé mi
historia.
-Nadie. Fue sólo uno de los pensamientos que tuve.
-¿Crees que eran tus pensamientos?
Le dije que eran mis pensamientos, aunque yo no tenía motivo para pensar que H hubiese
estado enferma. Eran pensamientos extraños. Parecían brotar en mi mente surgidos de ninguna
parte. Don Juan me miró inquisitivo. Le pregunté si no me creía; rió y dijo que mi costumbre
era ser descuidado con mis actos.
-¿Qué hice mal, don Juan?
-Debiste haber escuchado a las lagartijas.
-¿Cómo debí escuchar?
-La lagartijita encima de tu hombro te estaba describiendo todo lo que veía su hermana. Te
estaba hablando. Te estaba diciendo todo, y tú no hiciste caso. En cambio, creíste que las
palabras de la lagartija eran tus propios pensamientos.
-Pero si eran mis propios pensamientos, don Juan.
-No lo eran. Esa es la naturaleza de esta brujería, Para decirte la verdad, la visión es más para
escucharse que para mirarse. Lo mismo me pasó a mí. Estaba a punto de advertírtelo cuando
recordé que mi benefactor no me lo advirtió a mi tampoco.
-¿Fue su experiencia como la mía, don Juan?
-No. La mía fue un viaje infernal. Casi me muero.
-¿Por qué fue infernal?
-A lo mejor porque yo no le caía bien a la yerba del diablo, o porque no tenía claro lo que
quería preguntar. Como tú ayer. Has de haber estado pensando en esa muchacha cuando
preguntaste por los libros.
-No me acuerdo de eso.
-Las lagartijas nunca yerran; toman cada pensamiento como una pregunta. La lagartija volvió
y te dijo cosas de H que nadie podrá entender jamás, porque ni siquiera tú sabes cuáles eran tus
pensamientos.
-¿y la otra visión que tuve?
-Tus pensamientos han de haber estado firmes cuando hiciste esa pregunta. Y así es como hay
que conducir esta brujería: con claridad.
-¿O sea que la visión de la muchacha no debe tomarse en serio?
-¿Cómo puede tomarse en serio si no sabes qué preguntas estaban contestando las lagartijitas?
-¿Sería más claro para la lagartija si uno hiciera una sola pregunta?
-Sí, sería más claro. Si pudieras sostener con firmeza un solo pensamiento.
-¿Pero qué ocurriría, don Juan, si la única pregunta no fuera sencilla?
-Mientras tu pensamiento sea firme y no se meta en otras cosas, es claro para las lagartijitas, y
entonces su respuesta es clara para ti.
-¿Puede uno hacer más preguntas a las lagartijas mientras va avanzando en la visión?
-No. La visión es para mirar lo que las lagartijas te estén diciendo. Por eso dije que es una
visión para oír más que una visión para ver. Por eso te pedí tratar asuntos no personales. Por lo
general, cuando la pregunta trata de personas, tu ansia de tocarlas o de hablarles es demasiado
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