01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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Traté frenéticamente de pensar en algo que deseara saber. Don Juan me instaba con
imperiosidad, y quedé atónito al darme cuenta de que no podía pensar nada que quisiese
"preguntar" a las lagartijas.
Tras una espera penosamente larga, se me ocurrió algo. Tiempo antes, habían robado un buen
número de libros de un salón de lectura. No era un asunto personal, y sin embargo me
interesaba. Yo no tenía ideas preconcebidas acerca de la identidad de la persona, o personas,
que habían tomado los libros. Froté las lagartijas contra mis sienes, preguntándoles quién era el
ladrón.
Tras un rato, don Juan metió las lagartijas en las bolsas y dijo que no había ningún secreto
profundo con respecto a la raíz ni a la pasta. La pasta se ha cía para dar dirección; la raíz
aclaraba las cosas. Pero el verdadero misterio eran las lagartijas. Ellas eran el secreto de toda la
brujería de la segunda parte, dijo don Juan. Le pregunté si eran un tipo especial de lagartijas.
Respondió que sí lo eran. Tenían que venir de la zona de la propia planta de uno; tenían que ser
amigas de uno. Y para trabar amistad con las lagartijas, había que cultivarla un largo período.
Había que desarrollar una fuerte amistad con ellas dándoles comida y hablándoles con bondad.
Pregunté por qué era tan importante su amistad. Don Juan dijo que las lagartijas sólo se dejan
capturar si conocen al hombre, y quien tomara en serio la yerba del diablo debía tratar con
seriedad a las lagartijas. Dijo que, como regla, las lagartijas debían cogerse después de que la
pasta y la raíz estuvieran preparadas. Debían cogerse al atardecer. Si uno no estaba en confianza
con las lagartijas, dijo, podía pasarse días tratando, sin éxito, de cogerlas, y la pasta sólo duraba
un día. Luego me dio una larga serie de instrucciones concernientes al procedimiento a seguir
una vez capturadas las lagartijas.
-Una vez que hayas cogido las lagartijas, ponlas en bolsas separadas. Luego saca a la primera
y háblale. Discúlpate por causarle dolor y ruégale que te ayude. Y cósele la boca con una aguja
de madera. Haz la costura con fibras de ágave y una espina de choya. Aprieta bien las puntadas.
Luego dile las mismas cosas a la otra lagartija y cósele los párpados. A la hora en que la noche
empiece a caer estarás listo. Toma la lagartija de la boca cosida y explícale el asunto del que
quieres saber. Pídele que vaya a ver por ti. Dile que tuviste que coserle la boca para que se
apure a volver y no hable con nadie más. Déjala revolcarse en la pasta después de que se la
embarres en la cabeza; luego ponla en el suelo. Si toma la dirección de tu buena fortuna, la
brujería saldrá bien y fácil. Si agarra la dirección contraria, saldrá mal. Si la lagartija se acerca a
ti (hacia el sur) puedes esperar mejor suerte que de costumbre, pero si se aleja de ti (hacia el
norte), la brujería será terriblemente difícil, ¡Puedes hasta morir! De modo que, si se aleja de ti,
estás a tiempo de rajarte. A estas alturas puedes tomar la decisión de rajarte. Si te rajas, perderás
tu autoridad sobre las lagartijas, pero mejor eso que perder la vida. O también puede ser que
decidas seguir con la brujería a pesar de mi advertencia. En ese caso, el paso siguiente es tomar
la otra lagartija y decirle que escuche el relato de su hermana y luego te lo describa.
-¿Pero cómo puede la lagartija de la boca cosida decirme lo que ve? ¿No se le cosió la boca
para que no hablara?
-Coserle la boca le impide contar su relato a los extraños. La gente dice que las lagartijas son
platicadoras; en cualquier pa rte se paran a platicar. Bueno, el paso siguiente es embarrarle la
pasta atrás de la cabeza, y luego frotar la cabeza de la lagartija contra tu sien izquierda, sin que
la pasta toque el centro de tu frente. Al comienzo del aprendizaje, es buena idea enlazar a la
lagartija por en medio, con un cordón, y amarrártela al hombro derecho. Así no la pierdes ni la
lastimas. Pero conforme progresas y te vas familiarizando con el poder de la yerba del diablo,
las lagartijas aprenden a obedecer tus órdenes y se quedan trepadas en tu hombro. Después que
te hayas untado pasta en la sien derecha, con la lagartija, mete en la olla los dedos de las dos
manos; úntate la pasta primero en las sienes y luego extiéndela bien sobre ambos lados de tu
cabe za. La pasta se seca muy rápido, y puede aplicarse tantas veces como sea necesario. Cada
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