01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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Cuando hayas enterrado la olla, regresa con tu brote y riégalo otra vez. Entonces saca tu
imagen, sostenla entre los dedos donde está la cortada y, parad; en el sitio donde enterraste la
cola, toca apenas el brote con la punta de la aguja. Da tres vueltas al brote, parándote cada vez
en el mismo sitio a tocarlo.
-¿Tengo que seguir una dirección específica al dar vueltas a la raíz?
-Cualquier dirección- es buena. Pero debes siempre recordar en qué dirección enterraste la
cola y qué dirección tomaste al rodear el brote. Toca apenitas el brote con la punta todas las
veces menos la última: entonces la clavas hondo. Pero hazlo con cuidado; arrodíllate para
afirmar la mano, porque no debes romper la punta dentro del brote. Si la rompes, estás acabado.
La raíz no te servirá de nada.
-¿Tengo que decir algo mientras doy la vuelta al brote?
-No, eso lo haré yo por ti.
Sábado, 27 de enero, 1962
Apenas llegué a su casa esta mañana, don Juan me dijo que iba a enseñarme cómo se prepara
la mezcla de fumar. Caminamos hasta los cerros y nos adentramos bastante por una de las
cañadas. Se detuvo junto a un arbusto alto y esbelto cuyo color contrastaba marcadamente con
el de la vegetación circundante. El chaparral en torno era amarillento, pero el arbusto era verde
brillante.
-De este arbolito debes tomar las hojas y las flores -dijo-. El momento justo para cortarlas es el
día de las ánimas.
Sacó su cuchillo y tronchó la punta de uña rama delgada. Eligió otra rama similar y también le
tronchó la punta. Repitió esta operación hasta tener un puñado de puntas de rama. Luego se
sentó en el suelo.
-Mira -dijo-. Corté todas las ramas encima de la horqueta que hacen dos o más hojas y el tallo.
¿Ves? Todas son iguales. Nada más usé la punta de cada rama, donde las hojas están frescas y
tiernas. Ahora hay que buscar un lugar sombreado.
Caminamos hasta que pareció hallar lo que buscaba. Sacó del bolsillo un largo cordel y lo ató
al tronco y a las ramas bajas de dos arbustos, haciendo una especie de tendedero donde colgó de
cabeza las puntas de rama. Las ordenó con pulcritud a lo largo del cordel; enganchadas por la
horque ta entre las hojas y el tallo, parecían formar una larga fila de jinetes verdes.
-Hay que ver que las hojas se sequen en la sombra -dijo-. El sitio debe ser apartado y difícil de
alcanzar. Así las hojas están protegidas Hay que dejarlas a secar en un sitio donde sea casi
imposible encontrarlas. Después de que se secan, hay que ponerlas en un paquete y sellarlas.
Quitó las hojas del cordel y las tiró en los arbustos cercanos. Al parecer sólo había querido
mostrarme el procedimiento.
Seguimos caminando y don Juan cortó tres flores distintas, diciendo que eran parte de los
ingredientes y debían juntarse al mismo tiempo. Pero las flores se ponían en sendas vasijas de
barro y se secaban en la oscuridad; había que poner una tapa en cada vasija para que las flores
crearan moho dentro del recipiente. Dijo que la función de las hojas y las flores consistía en
endulzar la mezcla del humito.
Salimos de la cañada y nos encaminamos al lecho del río. Tras un largo rodeo volvimos a su
casa; En la noche estuvimos sentados hasta hora avanzada en su propio cuarto, cosa que rara
vez me permitía, y me habló del ingrediente final de la mezcla: los hongos.
-El verdadero secreto de la mezcla está en los honguitos -dijo-. Son el ingredie nte más difícil
de juntar. El viaje al sitio donde crecen es largo y peligroso, y seleccionar los buenos es todavía
más arriesgado. Hay otras clases de hongos que crecen allí mismo y que no sirven; echan a
perder a los buenos si se secan juntos. Requiere tiempo conocer bien los hongos, para no
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