01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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Lo seguí. Rodeó la casa, describiendo un círculo completo en el sentido de las manecillas del
reloj. Se detuvo en el zaguán y circundó la casa de nuevo, esta vez en dirección contraria,
regresando otra vez al zaguán. Permaneció inmóvil algún tiempo, y luego se sentó.
Estaba yo condicionado a suponer un significado en todo cuanto don Juan hacía. Me
preguntaba cuál podría ser el de dar vueltas a la casa, cuando él dijo:
-¡Caramba! Se me olvidó dónde lo puse.
Le pregunté qué buscaba. Dijo haber olvidado dónde dejó el brote que yo debía replantar.
Rodeamos la casa una vez más antes de que recordara el sitio.
Me mostró un pequeño frasco de vidrio sobre un pedazo de tabla clavado a la pared, debajo
del techo. El frasco contenía la otra mitad de la primera parte de la raíz de datura. El brote
mostraba un incipiente crecimiento de hojas en su extremo superior. El frasco contenía una
pequeña cantidad de agua, pero nada de tierra,
-¿Por qué no tiene tierra? -pregunté.
-No todas las tierras son la. misma, y la yerba del diablo debe conocer sólo la tierra en que
vivirá y crecerá. Y ahora es tiempo de devolverla a la tierra, antes que la dañen los gusanos.
-¿Podemos plantarla aquí cerca de la casa? -pregunté.
-¡No! ¡No! Cerca de aquí no. Debe regresar a un sitio de tu gusto.
-¿Pero dónde puedo encontrar un sitio de mi gusto?
-Eso yo no sé. Puedes plantarla donde quieras. Pero hay que velar por ella, porque debe vivir
para que tú tengas el poder que necesitas. Si muere, eso significa que no te quiere, y no debes
molestarla más. Significa que no tendrás poder sobre ella. Por eso debes cuidarla y velar por
ella, para que crezca. Pero no vayas a consentirla.
-¿Por qué no?
-Porque si no es su voluntad crecer, de nada sirve sonsacarla. Pero, eso sí, demuéstrale que te
preocupas. Tenla limpia de gusanos y dale agua cuando la visites. Esto debe hacerse cada cierto
tiempo hasta que tenga semilla. Después de que las primeras semillas germinen, estaremos
seguros de que te quiere.
-Pero, don Juan, no me es posible cuidar la raíz como usted dice,
-¡Si quieres su poder, debes hacerlo! ¡No hay otra manera!
-¿Puede usted cuidármela mientras no estoy aquí, don Juan?
-¡No! ¡Yo no! ¡No puedo! Cada quien debe alimentar su propio brote. Yo tuve el mío. Ahora
tú debes tener el tuyo. Y sólo cuando dé semillas, como te dije, podrás considerarte listo pa ra
aprender.
-¿Dónde piensa usted que debo replantarla?
-¡Eso es para que tú solo lo decidas! ¡Y nadie debe saber el lugar, ni siquiera yo! Así es como
hay que replantar. Nadie, pero nadie, puede saber dónde está tu planta. Si un extraño te sigue, o
te ve, toma el brote y corre para otro lado. Cualquiera podría causarte un- daño como no te
imaginas con sólo manosear el brote. Podría lisiarte o matarte. Por eso ni siquiera yo debo saber
dónde está tu planta.
Me alargó el frasquito con el brote.
-Agárralo ya.
Lo tomé. Entonces me llevó casi a rastras a mi coche.
-Ahora debes irte. Ve y escoge el sitio donde replantarás el brote. Escarba un agujero hondo
en tierra blanda, junto a un lugar con agua. Acuérdate: tiene que estar cerca del agua para
crecer. Haz el agujero con las puras manos, aunque sangren. Pon el brote en el centro del
agujero y haz un pilón alrededor, Luego remójalo con agua. Cuando el agua se hunda, llena el
hoyo con tierra blanda. Después escoge un sitio a dos pasos del brote, en esa dirección [señaló
hacia el sureste]. Haz allí otro agujero hondo, también con las manos, y tira en él lo que hay en
la olla. Luego quiebra la olla y entiérrala hondo en otro lugar, lejos del sitio donde está tu brote.
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