01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf


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preguntar si había algunas pistas que él pudiera usar para determinar si yo tenía o no
oportunidad de convertirme en un hombre de conocimiento. Dijo que dependería de mi batalla
contra los cuatro enemigos -de si podía yo vencerlos o salía vencido- pero que era imposible
predecir el resultado de esa lucha.
Le pregunté si podía usar brujería o adivinación para ver el desenlace de la batalla. Dijo
terminantemente que los resultados de la contienda no podían anticiparse por nin gún medio,
porque volverse hombre de conocimiento era cosa temporal. Cuando le pedí explicar este punto,
replicó:
-Ser hombre de conocimiento no tiene permanencia. Uno no es nunca en realidad un hombre
de conocimiento. Más bien, uno se hace hombre de conocimiento por un ins tante muy corto,
después de vencer a las cuatro enemigos naturales.
-Debe usted decirme, don Juan, qué clase de enemigos son.
No respondió. Insistí de nuevo, pero él abandonó el tema y se puso a hablar de otra cosa.
Domingo, 15 de abril, 1962
Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre
de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y serla buena idea escribir lo
que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.
Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar.
-Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es
deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de
los trabajos que cuesta aprender.
"Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos
se dan de topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y
así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del
aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin
misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.
"Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible:
traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando,
esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin
a su búsqueda."
-¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?
-Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llega rá a ser hombre de conocimiento.
Llegará a ser un ma leante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de
cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.
-¿Y qué puede hacer para superar el miedo?
-La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar
el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Debe estar lleno de miedo,
pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla! Y llega un momento en que su primer enemigo se
retira. El hombre empieza a sentirse seguro de si. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya
una tarea aterradora.
"Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su
primer enemigo natural."
-¿Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco?
-Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se conquista rápido y de repente.
-¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?
-No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida,
porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo.
Para entonces, un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever
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