01 las enseñanzas de don juan carlos castaneda.pdf

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Le pregunté si existían para mí otros sitios como los dos que había hallado y cómo debería
hacer para localizarlos. Dijo que muchos lugares en el mundo serían comparables a esos dos, y
que la mejor manera de hallarlos era determi nar sus colores respectivos.
Yo no sabía a ciencia cierta si había resuelto el problema o no; de hecho, ni siquiera me
hallaba convencido de que hubiese habido algún problema; no podía dejar de sentir que la
experiencia era totalmente forzada y arbitraria. Estaba seguro de que don Juan me había
observado toda la noche para luego seguirme la corriente diciendo que el sitio donde me
quedara dormido era el buscado. Sin embargo, no veía yo motivo lógico de tal acción, y cuando
me retó a sentarme en el otro sitio no pude hacerlo. Había una extraña separación entre mi
experiencia pragmática de temer al "otro sitio" y mis consideraciones racionales sobre todo el
episodio.
Don Juan, en cambio, se hallaba muy seguro de que yo había triunfado y, actuando en
concordancia con mi éxito, me hizo saber que iba a instruirme con respecto al peyote.
-Me pediste que te enseñara los asuntos del Mescalito -dijo-. Yo quería ver si tenías espinazo
como para conocerlo cara a cara. Mescalito no es chiste. Debes ser dueño de tus recursos.
Ahora sé que puedo aceptar tu solo deseo como una buena razón para aprender.
-¿De veras va usted a enseñarme los asuntos del peyote?
-Prefiero llamarlo Mescalito. Haz tú lo mismo.
-¿Cuándo va usted a empezar?
-No es tan sencillo. Primero debes estar listo,
-Creo que estoy listo.
-Esto no es un chiste. Debes esperar hasta que no haya duda, y entonces lo conocerás.
-¿Tengo qué prepararme?
-No. Nada más tienes que esperar. A lo mejor te olvidas de todo el asunto después de un
tiempo. Te cansas rápidamente. Anoche estabas a punto de irte a tu casa apenas se te puso
difícil. Mescalito pide una intención muy seria.
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