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se exagera la confianza, no se quiere ver nada hasta el extremo de creerse ellos mismos que se trata
de un secreto... impenetrable para los gobernantes...; a los que nada transpira...; que están totalmente
engañados..; que no toman ninguna precaución para protegerse de los resultados de esta mala
imitación de Maquiavelo...; que no es verdad que debamos enfrentarnos a gentes capaces de
emplear finura contra finura, y ¡a pillo, pillo y medio! ¡Oh, qué bonita es la política!
¿Y qué es lo que pasa? Que el gobierno, que ve todo, hace como que no ve nada, y deja hacer. Tanto
a la parte de los dos senados que quiere restablecer la monarquía, como aquella que quiere reforzar
la tiranía aristocrática, les interesa en fin de cuentas esa actitud de los patriotas. He aquí el
razonamiento de una y otra. Dicen que hay que dejar agitarse a sus anchas Y con su sigiloso sistema
a este puñado de demócratas y revolucionarios que no se ha cansado todavía, y que forma, entre el
pueblo sans-culotte, la única porción que continúa ocupándose de los asuntos públicos...; que hay
que dejarles su pretendida política, que consiste en no quejarse contra el gobierno, y en engañarse
con la falsa espera de vencerle en un momento favorable. Estos señores calculan, y quizá con
bastante probabilidad, que ese momento no llegará jamás y he aquí por qué: los patriotas, con su
sistema de silencio y de segundas intenciones, se engañan ellos mismos. Creen, como he dicho, que
el gobierno no ve nada de lo que proyectan ni de lo que quieren hacer, sin embargo es él quien ve
todo. Los patriotas, además, piensan que el pueblo percibe su secreto, que lo comparte y que se
unirá a ellos cuando lo deseen; pero es precisamente el pueblo, al que no se le comunica. nada, al
que no se le dice ya nada contra los que dirigen; es precisamente el pueblo el único engañado con el
pretendido misterio. No lo comprende. Se acostumbra a aguantar todo sin rechistar. Se vuelve
completamente indiferente y ajeno a los asuntos públicos. Se entorpece hasta el punto de ser incapaz
de volver a interesarse por ellos. Se aisla de este puñado de patriotas activos, el cual, solo y
abandonado, se convierte en la pequeña, muy pequeña facción de los prudentes, objeto de burlas,
porque, de tan débil que es, resulta nula e impotente. Es así como la bonita política de los patriotas
se vuelve contra ellos mismos. El gobierno, con razón, contribuye a este aislamiento, a esta
separación de los patriotas activos y del pueblo. Aplaude al sistema del silencio. Secunda la apatía y
el alejamiento de la multitud de todo aquello que tiene relación con la administración pública.
Tenderá también a diseminar este resto de patriotas constantemente en movimiento. Consentirá
incluso en colocarles dentro de la administración, para que no formen reuniones que puedan ser
peligrosas, y para que se transformen en hombres vinculados al gobierno y al orden establecido. En
fin, como nada fulminante será publicado contra los depositarios de la autoridad, el pueblo, ya
fatigado e indiferente, agobiado por la miseria que no dejarán de acrecentar, no pensará más que en
el pan. Dejará organizar todo lo que se quiera, sin oponer ningún obstáculo. Es de esta forma como
deben esperar que el despotismo absoluto, sea aristocrático, sea real, podrá colocar fácilmente sus
bases y fortalecerse a perpetuidad.
¡Y todo ello será el resultado de nuestra famosa táctica, de nuestra política incomparable!...
Aquí, invito al lector a un momento de suspensión. Lo invito también a intensificar la atención y la
calma. Tiene necesidad de ello para apreciar las importantes cosas que me quedan por decir... No se
hacen a menudo periódicos como éste; y menos un número como éste; no se pueden hacer, con este
carácter, en circunstancias más críticas; en fin no se pueden hacer de ese tipo cuando el poder
ejecutivo está suscrito a ellos con seis mil ejemplares.
Y cuando se escribe como yo lo hago y como lo haré, no hay necesidad de escribir durante mucho
tiempo. Se es útil, inmensamente útil, o bien no se es en absoluto, con la probabilidad de no serlo
jamás. Quizás este escrito sea el último de los míos. ¡Cuánto lo desearía!
Se habla de realismo. Se ha dicho que yo había podido servirle sin querer, al excitar una reacción
contra los llamados terroristas, que puede hacer perder de vista aquella bien legítima contra los que
quieren la monarquía. El realismo está mucho más cerca de nosotros que todo eso. Está en la
horrible hambre facticia, en la penuria universal que nos asedia. Está en este mismo silencio que
vosotros, patriotas, guardáis, a la vista de tantos atentados organizados. El pueblo, ya lo he repetido,
no ve más que miseria y opresión en la república y los republicanos. ¿Cómo queréis que no les