Babeuf Manifiesto de los plebeyos.pdf


Vista previa del archivo PDF babeuf-manifiesto-de-los-plebeyos.pdf


Página 1...8 9 10111226

Vista previa de texto


tomen aversión? La realeza, siempre alerta, le susurra que ella está presta a darle tranquilidad, paz y
abundancia. ¿Cómo queréis que no la prefiera? ¿No es ciertamente servir a la realeza, el no
contradecirla, callarse, y no mostrar, en el sistema de gobierno popular, un incentivo preferible al
ofrecido por el trono?
Yo he ofrecido este incentivo preferible, cuando solemnemente me he comprometido con el pueblo
“a mostrarle el camino de la felicidad común; a guiarle hasta el fin, a pesar de todos los esfuerzos
del patriciado y del monarquismo...; a hacerle conocer el porqué de la revolución...; a probarle que
ésta puede y debe tener por último resultado el bienestar y la felicidad, la suficiencia de las
necesidades de todos”. (Vean mi Programa.)
¿Qué sería y qué se diría de mí, si no cumpliera este compromiso que he contraído, y que fue
acogido con un sentimiento tan vivo? No, quiero mostrar que lo he suscrito seriamente.
Pero, ¿cómo satisfacerlo si me viera dificultado en los medios? ¿Cómo se quiere que tenga éxito si
me viese dificultado en los medios de un escritor, la independencia absoluta de su pluma?...
Maximiliano Robespierre, este hombre que los siglos apreciarán, y cuyo juicio corresponde a mi
libre voz poner de relieve, os diría si un papel principal como el mío, puede realizarse con el
pensamiento encadenado.
“El secreto de la libertad -dice-,3 consiste en esclarecer a los hombres...”
En todos los tiempos se ha visto a aquellos que gobiernan atentos a apoderarse de las publicaciones
públicas, y de todos los medios de dominar la opinión. 4 Por ello exclusivamente la palabra gaceta se
ha hecho sinónimo de novela, y la historia misma es una novela. 5 El gobierno no se conforma
únicamente con tomar a su cargo el cuidado de instruir al pueblo, se lo reserva como un privilegio
exclusivo, y persigue a cuantos se atreven a hacerle la competencia.6 Se puede juzgar, con eso,
cuánto la mentira aventajará a la verdad. La mentira viaja con los gastos pagados por el gobierno;
vuela sobre el viento; recorre, en un abrir y cerrar de ojos, un vasto imperio; se encuentra a la vez,
en las ciudades, en el campo, en los palacios, en las cabañas; en todas partes está bien aposentada y
bien servida; se la cubre de caricia, de favores, de dinero.7 La verdad, por el contrario, anda a pie y a
pasos lentos; se arrastra con pena y a su cargo, de ciudad en ciudad, de aldea en aldea; está obligada
a sustraerse de la mirada celosa del gobierno; tiene que evitar a la vez, los funcionarios, los agentes
de policía y los jueces; 8 es odiosa a todas las facciones. Todos los prejuicios y todos los vicios se
amotinan a su alrededor para ultrajarla. La necedad la desconoce o la rechaza. Aunque brilla con
celestial belleza, el odio y la ambición afirman que es fea y horripilante. La hipócrita moderación la
llama exagerada, incendiaria; la falsa cordura la trata de temeraria y de extravagante; la pérfida
tiranía la acusa de violar las leyes y de trastornar la sociedad.9 La cicuta, los puñales son el precio
ordinario de sus lecciones saludables; frecuentemente expía sobre el patíbulo los servicios que
quiere hacer a los hombres. “¡Feliz si en su trabajosa carrera encuentra algunos mortales
esclarecidos y virtuosos que le dan asilo, hasta que el tiempo, su fiel protector, pueda vengar sus
ultrajes!”
¡Pues bien! sean cuales fueren los peligros que acompañan a la promulgación de la verdad, ya que
es tan estimable en el fondo, y que puede proporcionar tan grandes bienes, no dejaremos de
consagrarnos a ella. Los campeones del sistema aristocrático, y los patriotas que engañan, publican
3Cartas a sus comitentes, No. 6.
4He conocido esto por la propuesta de seis mil suscripciones.
5Un joven que hace el Orador Plebeyo, y se mete a dar consejos, aparentemente sabe esto. Ya que en la página 8 de su primer
número me recrimina el no querer que mi periódico sea una novela. Según él, hubiera tenido que prestarme a las circunstancias,
consultar el orden del día y andar de concierto con las otras plumas republicanas. Volveré sobre estas expresiones que son preciosas.
6Lo sé bien.
7Es lo que hubiera sucedido con la novela que querían de mí, a seis mil ejemplares.

8Tal es ya la suerte de mi Tribuno, porque no es una novela. Pero no importa. Trataremos de que nuestras verdades salven todos los
obstáculos, y con un poco más de pena y de lentitud, llegarán.
9Tal es la historia de mi Tribuno.