Babeuf Manifiesto de los plebeyos.pdf

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Remito a las dos cartas en la nota siguiente.10
¡Patriotas! He hecho todo para que reconozcáis, profundamente convencidos, que detestáis el
régimen aristocrático al cual estamos encadenados, y para haceros ver, de forma igualmente
manifiesta, que sólo suspiráis por el retorno de la democracia que ya habíais conquistado. Lo he
hecho porque he creído que era el momento en que se debe emprender el combate entre vosotros y
los pérfidos enemigos de ese régimen equitativo. Combate que es ya para vosotros forzado. Esto es
lo que yo he querido. Debe hacerse a la fuerza, digo, porque vuestros enemigos no pueden
desconocer, y vosotros mismos no podéis ya disimular, aquello que nosotros queremos. Ya no
tenemos segunda intención. He creído, y sigo creyendo, que si dejamos escapar este momento para
actuar, pronto nos quedaremos sin la esperanza de recobrar ese estado de libertad y felicidad por el
cual tantos sacrificios hemos hecho.
Que el gobierno, tan halagado por los republicanos, y que los patricios con los realistas odian tan
cordialmente; que el gobierno justifique la esperanza de unos, y pague al odio una retribución
merecida. Que facilite, en vez de obstaculizar, los movimientos necesarios para hacer devolver al
pueblo todos sus derechos. Que los miembros del Directorio ejecutivo tengan bastante virtud para
minar su propio establecimiento. Que lo ejecuten de buen grado, y que sean los primeros en
desdeñar todo ese andamiaje de aristocracia superlativa, esta institución gigantesca que se sostendrá
con dificultad siempre, porque contrasta demasido con los principios por los cuales hicimos la
revolución. Que arrojen todo este aparato, que aparten toda esta pompa veneciana, esta
mágnificencia casi real, que escandaliza nuestros ojos ya acostumbrados a no admitir más que lo
que es simple y lo que refiere la pura igualdad. Que protejan, en lugar de perseguir, aún, a los
apóstoles de la democracia, y que dejen que se predique con toda libertad, la santa moral.11 Que
sean tan grandes como lo fueron Agis y Cleómenes en semejantes circunstancias...12
¡Hagamos otro alto! En todo lo que precede no hemos hecho más que justificamos de los reproches
que se nos han formulado de no tener razón al defender la causa de la libertad violada y de los
derechos del pueblo secuestrados, con los grandes principios. Nos han obligado a escribir un
pequeño volumen para probar que no era un crimen hablar del restablecimiento de la democracia, y
que no era indiscreción hablar de ese restablecimiento en el presente. Llega el momento de dar
cabida en este número a los hechos. Es hora de hablar de la democracia misma; de definir lo que
nosotros entendemos por tal; y lo que queremos que nos proporcione; de concertar, en fin, con todo
el pueblo, los medios de fundarla y mantenerla.
Se equivocan aquellos que creen que yo no me muevo más que con la intención de hacer sustituir
una constitución por otra. Tenemos más necesidad de instituciones que de constituciones. La
10 18 Brumario. Admiro tu abnegación y deploro tu delirio... -Te estimo y te desapruebo.- Nuestra finalidad, nuestro deseo se
asemejan perfectamente, y nuestras opiniones se diferencian.-Puedo equivocarme, pero yo deseo que el resultado de tus trabajos sea
la felicidad pública y tu propia felicidad.-Te quiero sinceramente, sin estar de acuerdo contigo, porque estoy convencido de que tus
intenciones son puras. Firmado L...
19 Brumario. Tu primer número ha sido leído ante una sociedad de patriotas, que, como tú, han sido víctimas de su amor por la
libertad; te escribo en su nombre. Hemos temblado leyendo los pasajes donde atacas la constitución del 95... Conocemos nuestras
desgracias; apreciamos igual que tú esta constitución. Pero... has cometido una imprudencia imprimiendo lo que sabemos todos.
Amigo mío, no es el momento... Haz atención..., tú te debes a tus conciudadanos, tú debes tus luces a este pueblo que amas, pero
debes considerar, etc. No desdeñes los consejos de quienes han derramado lágrimas sobre tu cautiverio etc. Firmado B..
11En este caso, recibiría las seis mil suscripciones, y el papel de Fouché de Nantes se ennoblecería.
12Es sabido que en Esparta había dos reyes o miembros del directorio ejecutivo. Nuestro número de cinco es la proporción
guardada por la mayor extensión de la república francesa. Agis y Leonidas reinaron al mismo tiempo. Agis, aunque fuese rey,
emprende el restablecimiento de las sublimes y muy populares instituciones de Licurgo, que la corrupción y el tiempo habían hecho
desaparecer. Leonidas, su colega, se opone a tales meritorios esfuerzos. Una guerra bastante larga comienza entre los dos reyes. Agis
sucumbe; muere. Agiatis, su mujer, se casa con Cleomeno, hijo de Leonidas, enemigo y verdugo de su primer esposo. Pero ella logra
entusiasmar el alma de Cleomeno con el anhelo de terminar la gloriosa empresa que Agis había comenzado. Cleomeno consigue
poner este proyecto en ejecución. Los lacedemonios encuentran en él un nuevo Licurgo, y disfrutan otra vez del beneficio de la
adorable democracia.
¿Hay Cleomenos o Agis en nuestro directorio? Si existen, que se pronuncien e impongan silencio a los Leonidas. Con esta única
condición pueden expiar el crimen de haber aceptado un empleo cuya institución consagra la usurpación de la soberanía del pueblo.
Si todos son Leonidas, todos, de acuerdo con el principio republicano, merecen la muerte. La de Luis XVI no fue especialmente
motivada más que por ser rey. Todo hombre que lo sea, poco importa el nombre con que se encubra, debe esperar el mismo fin.
