Babeuf Manifiesto de los plebeyos.pdf

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instaure en su lugar aquellas dictadas por la naturaleza y la justicia eterna. Sí, todos los males del
pueblo han llegado al colmo, ¡no pueden empeorar! ¿No pueden ser corregidos más que por una
conmoción total? ¿Que esta guerra atroz, del rico contra el pobre, adquiera, pues, y al fin, un
aspecto menos innoble? ¡Que cese de poseer este carácter de la mayor audacia, por un lado, y de la
mayor cobardía del otro! ¡Que los desgraciados respondan en fin a sus agresores!...
Aprovechemos el que nos hayan empujado hasta el último extremo. Avancemos de frente, como
hombres que tienen el sentimiento de su fuerza: Caminemos francamente hacia la igualdad.
Contemplemos el objetivo de la sociedad: ¡veamos la felicidad común!
¡Pérfidos o ignorantes! gritáis que hay que evitar la guerra civil, que no hay que lanzar entre el
pueblo la tea de la discordia... ¿Y qué guerra civil hay más sublevante que la que sitúa a todos los
asesinos en una parte, y a todas las víctimas sin defensa en la otra? ¿Podéis acusar de crimen a aquel
que quiere armar a las víctimas contra los asesinos? ¿No vale más la guerra civil en la que las dos
partes pueden defenderse recíprocamente? Que se acuse, si se quiere, a nuestro periódico de tea de
la discordia. Tanto mejor: la discordia vale más que una horrible concordia en donde se estrangula
al hombre. Que las partes comiencen el combate; que la rebelión parcial, general, urgente, aplazada,
se determine: ¡eso es lo que nos satisface! ¡Que el Monte-Sagrado o la Vandea plebeya se formen en
un solo punto o en cada uno de los 86 departamentos! Que se conspire contra la opresión, sea en
grande, sea en pequeño, secretamente o al descubierto, en cien mil conciliábulos o en uno solo, poco
nos importa, mientras se conspire, y que, desde ahora, los remordimientos y los temores acompañen
en todos los momentos a los opresores. Hemos dado la señal vigorosamente, a fin de que muchos la
perciban; a fin de llamar a muchos cómplices; les hemos justificado los motivos y dado algunas
ideas de la conducta, estamos casi seguros de que se conspirará. Que la tiranía pruebe si está en
condiciones de impedírnoslo... El pueblo, dicen, no tiene guías. Que aparezcan, y el pueblo, al
instante, rompe sus cadenas, y conquista el pan para él y para todas sus generaciones. Repitámoslo
todavía: todos los males han llegado al colmo; no pueden empeorar; no pueden ser apartados más
que por una conmoción general!... ¡Que todo se confunda ya! ¡que todos los elementos se revuelvan,
se mezclen, se entrechoquen!... ¡que sobrevenga el caos, y que del caos emerja un mundo nuevo y
regenerado!
¡Vamos, después de mil años, a cambiar estas leyes groseras!”
(El Tribuno del Pueblo, No. 25)
