Babeuf Manifiesto de los plebeyos.pdf

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hebreos, se encontrarán en la verdadera Montaña plebeya. Allí escribirán, el dictado de la justicia
eterna, el decálogo de la santa humanidad, del sans-culotismo, de la imprescriptible equidad.
Proclamaremos, bajo la protección de nuestras cien mil lanzas, y de nuestras bocas de fuego, el
verdadero código de la naturaleza que jamás se hubiera tenido que infringir.
Explicaremos claramente cuál es la felicidad común, finalidad de la sociedad.
Explicaremos que la suerte de todo hombre no debía empeorar al pasar del estado natural al estado
social.
Definiremos la propiedad.
Probaremos que la tierra no es de nadie, pero que es de todos.
Probaremos que todo aquel que acapara más allá de lo que puede nutrirle, comete un robo social.
Probaremos que el pretendido derecho de alienabilidad es un atentado infame y criminal contra el
pueblo.
Probaremos que la herencia por familia, es otro horror no menos grande; que aísla a todos los
miembros de la asociación, y hace de cada hogar una pequeña república, que no puede dejar de
conspirar contra la grande, y consagrar la desigualdad.
Probaremos que todo lo que tiene un miembro del cuerpo social por debajo de la suficiencia de sus
necesidades de toda especie y de todos los días, es el resultado de una expoliación de su propiedad
natural individual, realizada por los acaparadores de los bienes comunes.
Que, en consecuencia, todo lo que un miembro del cuerpo social tiene por encima de la suficiencia
de sus necesidades de toda especie y de todos los días, es resultado de un robo hecho a los
coasociados, que priva necesariamente a un número, más o menos grande, de su cuota-parte de los
bienes comunes. 17
Que los más sutiles razonamientos no pueden prevalecer contra estas inalterables verdades.
Que la superioridad de talentos y de industria no es más que una quimera y una añagaza, que
siempre e indebidamente ha servido a los complots de los conspiradores contra la igualdad.
Que la diferencia de valor y de mérito en el producto del trabajo de los hombres, no descansa más
que en la opinión que algunos de entre ellos le han otorgado, y que han sabido hacer prevalecer.
Que, sin duda, es sin razón que esta opinión ha valorado la jornada del que fabrica un reloj, en
veinte veces más que la jornada del que traza los surcos.
Que, sin embargo, con ayuda de esta falsa estimación, la ganancia del obrero relojero le ha dado la
posibilidad de adquirir el patrimonio de veinte obreros del arado, a los que, por estos medios, ha
expropiado.
Que todos los proletarios han llegado a serlo como resultado de la misma combinación en todas las
otras relaciones de proporción, pero partiendo todos de la única base de la diferencia de valor
establecida entre las cosas, únicamente por la autoridad de la opinión.
Que hay absurdo e injusticia en la pretensión de una recompensa más grande para aquel cuya tarea
exige un grado más alto de inteligencia, y más aplicación y tensión de espíritu; que tal cosa no
amplía de ningún modo la capacidad de su estómago.
Que ninguna razón puede hacer pretender a una recompensa que exceda la suficiencia de las
necesidades individuales.
Que no es más que un producto de la opinión el valor de la inteligencia, y que es una cosa quizá a
examinar todavía si el valor de la fuerza natural y física, no le equivale.
17Estado social perfeccionado, “Que todos tengan lo suficiente, y que nadie tenga demasiado.” J. J. Rousseau. Esta sentencia no
será nunca reflexionada demasiado.
