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Es más que tiempo de hacerlo. Es ya el momento de que el pueblo, oprimido y asesinado,
manifieste, de manera más grande, más solemne, más general, como jamás ha hecho, su voluntad,
para que no tan sólo los signos, los accesorios de la miseria, sino la realidad, la miseria misma sea
aniquilada. Que el pueblo proclame su Manifiesto. Que defina la democracia como piensa debe ser
y tal como, según los principios puros, debe existir. ¡Que pruebe que la democracia es la obligación,
para todos aquellos que poseen demasiado, de llenar todo lo que falta a los que no tienen suficiente!
Que todo el déficit que se encuentra en la fortuna de estos últimos, no tiene otro origen que el que
los otros se lo han robado. Robado legítimamente, si se quiere; es decir con la ayuda de las leyes de
bandidos que, bajo los últimos regímenes, como bajo los más antiguos, han autorizado todos los
latrocinios; con ayuda de las leyes, tales como las que existen en este momento; con ayuda de leyes
según las cuales yo estoy forzado para vivir, ¡a despojar cada día mi casa, a llevar hasta el último
harapo que me cubre a casa de los ladrones protegidos por las leyes! Que el pueblo declare que se
debe restituir todos estos robos, todas estas vergonzosas confiscaciones de los ricos sobre los
pobres. Esta restitución será tan legítima, sin duda, como la de los emigrados. Queremos con el
restablecimiento de la democracia, primero, que nuestros harapos, nuestros viejos enseres, nos sean
devueltos, y que aquellos que nos los quitaron, se vean en el futuro, imposibilitados para
recomenzar tales atentados. Queremos, luego, con la democracia lo que os hemos dado a conocer, lo
que han deseado todos aquellos que han concebido ideas justas.
¿Es necesario, para restablecer los derechos del género humano y poner fin a todos nuestros males,
es necesaria una retirada al Monte-Sagrado, o una Vandea plebeya? ¡Que todos los amigos de la
Igualdad se preparen y ténganse por advertidos! Que cada uno se compenetre de la incomparable
belleza de esta empresa. ¡Liberar a los israelitas de la servidumbre egipcia! ¡conducirlos a las tierras
de Canaán!... ¿Qué otra expedición ha sido jamás más digna de levantar los ánimos? El dios de la
libertad, estemos seguros, protegerá a los Moisés que quieran dirigirla. Nos lo ha prometido, sin el
intermediario de Aarón, que no necesitamos, como tampoco su colega vicarial. Nos los ha
prometido sin que se nos aparezca milagrosamente en los matorrales ardiendo. Pongamos de lado
todos estos prodigios, todas estas sandeces. Las inspiraciones de las divinidades republicanas se
manifiestan simplemente, bajo los auspicios de la naturaleza (Dios supremo) por la vía del corazón
de los republicanos. Se nos ha revelado, pues, que, mientras que nuevos Josués combatirán un buen
día en el llano, sin necesidad de hacer detenerse al sol, muchos, en lugar de un solo legislador de los
muertos? ¿Dónde ha ido su energía? ¿Por qué se esconden? Sus debilidades, su poco honorable retiro han contribuido en gran
manera a perder a la patria.
Dentro de esta defección general, se consuela uno encontrando en gloriosa actitud un solo atleta: el redactor del Amigo de las Leyes.
Los amigos de la igualdad nos hemos sentido edificados al leer en este excelente periódico:
“Cada día se extraña uno de que los patriotas hayan perdido su antigua energía. ¡Ah! sin duda la desgracia, las humillaciones, los
malos tratos que han sufrido desde hace quince meses han marchitado su alma, que la miseria y las necesidades acaban de secar.
Habían hecho la revolución, esperaban recoger sus frutos.”
“La revolución se ha vuelto contra ellos, y su situación, en lugar de mejorar, es peor que antes.
“Una aristocracia mil veces más tiránica que la de la nobleza y del clero, pesa insolentemente sobre sus cabezas; la aristocracia de los
agiotistas y de los granujas.”
“¿Por qué no decirlo? El exceso de este género de mal ha llevado la verdad a nuestros teatros, y no se encuentra hoy un hombre lo
suficiente desvergonzado para negar que gemimos bajo el despotismo más duro, el más envilecedor, el más difícil de soportar por los
hombres libres; el despotismo de los mercaderes...
“... Después de haber declamado mucho contra quienes decíamos querían enriquecer al pobre a expensas del rico, habéis sufrido,
estáis sufriendo cada día una injusticia mil veces más sublevante, que el rico acrecienta su opulencia a expensas del pobre.”
“La moral es depravada hasta tal punto que ya no se esconden para robar, y el exceso del mal ha llegado a grado tal que es necesario
morir de hambre, o seguir el ejemplo de los demás.”
“.. . ¡Y cómo podría existir ninguna moralidad en un Pueblo donde todos los ciudadanos han quebrado!” (Amigo de las Leyes, 18
Brumario.)
“El primero de todos los derechos, es que debo extraer mi alimento de la tierra que me soporta. La sociedad no pone a este derecho
más que una condición, estos alimentos serán el precio de mi trabajo. En efecto, todo género de trabajo es precioso para la sociedad.
Del conjunto de todos los talentos, de todas las industrias, se compone su gloria y su fuerza. ¿Por qué quien trabaja el hierro, con el
cual el labrador abre la capa de la tierra, quien construye la casa que vive, y la granja donde encierra sus granos, quien hila y teje el
paño y la tela con que se cubre, etc. no tendrían derecho a los frutos del campo que cultiva? ¿No se transforman así en copropietarios
de este campo, por lo que le adelantan de aquello de que no se puede pasar? La propiedad individual y particular que la ley garantiza,
¿es otra cosa que una regla de orden y de conveniencia, una atribución, si me atrevo a decir, a ciertos iridividuos, de la especie de
trabajo que debe nutrir a todos los demás?”
Bien, no estamos completamente solos para defender nuestra gran causa. Coraje, Amigo de las Leyes; defiende también, con energía,
los grandes, los primitvos principios, y caminemos a la par.